jueves, 11 de junio de 2015

LA SOLEDAD DEL PORTERO: MIS TARADOS FAVORITOS 1

Ser portero te deja mucho tiempo para pensar. Fotografía de Jorge Martín Muñoz
Ser portero es un rollo. Imaginénse la siguiente imagen deportiva, y si la encuentran dígame dónde está la épica:  Es verano, el inmisericorde sol castellano cae a plomo en toda tu cocorota y tienes que aguantar estoicamente  a 30 grados, yendo de aquí para allá  o moviendo manos y pies para provocar una rídícula sensación eólica o en el peor de los casos, hacer que tu cabeza coincida con la sombra del larguero, aunque tan magro consuelo se asemeja más al castigo de un dios griego que un alivio. No se te ocurra ponerte gorra que reduces tu campo visual, y si te comes algún balón de los que vienen por arriba, date por muerto, todos serán malas caras y reproches al terminar el partido.. Entornas los ojos para ver qué sucede por allá por el campo, cosa que parece que no va contigo, hasta que se acerca algún gañán con el balón para intentar profanar tu sagrada portería, De vez en cuando piensas "¿Quién me manda a mi meterme en estos líos?" Pero no hay respuesta. Está en tus genes. Lo más seguro es que juegues en campos de tierra, de arena o de grava, tus rodillas y tus brazos te lo agradecerán...Ya pueden los delanteros hartarse a fallar goles a puerta vacía, que como cometas tú el único error, ya sabes donde van todas las miradas. Esto si no eres profesional, si eres profesional verás como FIFA y UEFA inventan normas para joderte continuamente: prohibir coger el balón con las manos tras cesión, obligarte a permanecer en la línea de meta en los lanzamientos de penalti  o cambiar balones a otros cuya trayectoria es completamente aleatoria en pos del espectáculo son algunas de estas medidas. Todo portero tiene pesadillas con esta situación:  tienes la posición asegurada y las manos extendidas para blocar un balón como te enseñaron en la escuela de fútbol, cuando a un metro de llegar a su destino el balón hace una ese diabólica y te pasa silbando justo al lado de la oreja para alojarse en la red, dejándote con el molde puesto y una cara de tonto difícil de recomponer en lo que resta del partido. Entonces, si todo en la vida del portero es sufrir y llevar una carga de responsabilidad con más amarguras que alegrías, la pregunta es ¿Con estas premisas , quién querría ser portero?: La respuesta es evidente: nadie en su sano juicio... La tradición futbolística dice que para ocupar la posición de arquero (portero, guardameta, guardavallass, cancerbero)  tienes que tener un punto de locura, unos gramos de inconsciencia a o algo de ensimismamiento e introspección para que no te afecte las consecuencias de tus errores, necesarios en todo aprendizaje, pero que en la demarcación de portero suelen ser fatales.. Hay ejemplos en el pasado y en el presente de grandes porteros cuyo máximo recuerdo es el de un estrepitoso error:  Si pensamos en  Arconada, reconocido guardameta   lo primero que se nos viene a la cabeza es la imagen del clamoroso fallo que comete cuando el traicionero balón de Platini le pasa entre las piernas en la final de la Eurocopa.  Con  Andoni Zubizarreta, sucede tres cuartos de lo mismo, recordamos el error contra Nigeria en Francia 98 (como si alguien hubiera hecho algo bien en aquella ocasión) tras una larga y exitosa carrera como portero en Ahtletic de Bilbao y Barcelona, y si seguimos pensando, encontraremos más y más recientes ejemplos que abonan esta tesis. Está claro que como poco  hay que tener una fuerte personalidad para soportar la carga que significa el llevar el peso de la portería en altos niveles, pudiendo de no ser así, tener consecuencias fatales. Dos ejemplos de cómo puede incidir en la personalidad o la felicidad se pueden ver en el programa de Canal + "Informe Robinson", uno que trata sobre Victor Valdés ( y su relación de amor odio con portería) y otro del malogrado Robert Enke, del que ya hablamos en este blog en el pasado (ver http://camaradalobanovsky.blogspot.com.es/2013/07/enke-la-carne-de-los-dioses.html). 

Es verdad, la globalización y la dictadura del fútbol negocio tiende a homogeneizar las tipologías, y hoy día, es extraño ver arqueros que se salgan de la norma más allá de tener más o menos habilidades técnicas, salvo quizá alemán Neuer o el brasileño Rogerio Ceni, que a sus 42 años es un superviviente de otra época,  se le recordará por labores que no son las específicas del portero (es el portero más goleador de la historia, puesto que se dedica a tirar él los tiros libres, ha metido la friolera de 128 goles en total con el Sao Paulo).También es posible que se pueda hacer una división imaginaria con un antes y un después de  la norma que obliga a los porteros a jugarla con los pies tras cesión de un compañero, puesto que según quién suscribe, tenía más mérito hacer locuras cuando tenías una opción segura que cuando es un "recurso obligado" Sea como fuere, sí es verdad que en colorido y personalidad excéntrica ganan los porteros latino americanos, estos fueron los pioneros en romper la norma..  Aquí menciono unos cuantos seleccionados de forma completamente arbitraria, dejo atrás auténticas leyendas como Yashin, la Araña Negra o ídolos personales como Gianluggi Bufón o Edwin Van der Sar para centrarme en personajes que destacan por sus peculiaridades.


JORGE CAMPOS: Gurú de la moda en USA 94 o el auténtico portero delantero


Jorge Campos con su atuendo, la envidia de Agatha
Ruiz de la Prada.
Como ya he comentado alguna vez, recuerdo con gran cariño el Mundial de USA 94, al que puedo considerar mi despertar al fútbol como enfermedad. Por aquel entonces, recién estrenada la adolescencia y tas años de lucha infructuosa, yo ya me había asentado en el puesto de portero en pachangas y partidillos estivales en el pueblo, por el clásico método de ser el más gordo y torpe de todos los que nos juntábamos a darle patadas al balón. Como al fin y al cabo, en esta vida todo es adaptarse o morir y convertir la necesidad en virtud o morirse de asco, acabé sacando partido y hasta disfrutando tan deshonrosa posición. Me ayudaron mucho en este proceso los  héroes que fui creando a partir de la cita mundialista. Ser el portero en un equipo apesta, está claro, pero, oye, son los únicos que se visten diferente - viva la anarquía- y tienen unos guantes bien chulos. Algunas ventajas tendría que tener.  Así pues, recuerdo con nitidez los nombres de casi todos los porteros que concurrieron a ese mundial, desde Tony Meola, portero del equipo  anfitrión, pasando por Taffarel, arquero de la Brasil campeona, Gianluca Pagliuca, que le paró a Salinas la famosa ocasión previa al gol de Roberto Baggio,  los nórdicos Ravelli y Thorsdvet, el belga Preudhome (que ganó el premio  Yashin al mejor portero), Prunea de Rumanía o Borislav Mihailov, el que fue mi auténtico héroe por su solvencia bajo los palos hasta que descubrí que ese pelazo no era suyo, si que en realidad era calvo como una bola de billar y se había hecho un implante de pelo para lucir más acorde con las melenas de sus compañeros los forajidos búlgaros (léase http://camaradalobanovsky.blogspot.com.es/2014/11/bulgaria-usa-94-desorden-y-progreso.html).

Pero de entre todos los porteros, había uno que destacaba sobre el resto a simple vista, un hombre de rostro cetrino y pelo crespo e que lucía con orgullo (o más bien sin vergüenza) un indescriptible atuendo multicolor donde los motivos geométricos y los colores fosforescentes eran los protagonistas. El corte en forma de poncho de la camiseta remataba la impactante imagen del que es considerado el mejor portero mexicano de todos los tiempos. Decía con orgullo que esos diseños los hacía él, y aunque es discutible el gusto, es loable su búsqueda de originalidad y la ruptura con la uniformidad de marcas que se empezaba a imponer por aquel entonces. Pero más allá de su estética, el cancerbero mexicano  pudo mostrar al mundo todas las virtudes que lo habían llevado al combinado nacional: , paradas de reflejos felinos, seguridad en en los balones aéreos y un juego temerario con los pies. Pero esto no es todo, resulta que Campos es el cuarto portero goleador de la historia del fútbol con 46 goles (Por detrás de Higuita, Chilavert y Rogerio Ceni).

También  puede que haya sido uno de los porteros más bajos de la historia de las competiciones (medía 1.70 metros) y es el único que conozco que ha jugado indistintamente en las posiciones de arquero y de delantero a nivel profesional. De hecho, en el torneo mexicano, era normal que cambiara su camiseta de arquero por la de delantero y contiunara en el campo como ariete con el nueve a la espalda, mientras en el arco le sustituía otro portero. . Como delantero llegó a marcar 14 goles, pero el gol más espectacular que se le recuerda fue uno que marcó de chilena cuando militaba en el Atlante mexicano. Pero su lance favorito como portero- delantero, era salir con la pelota jugada en los pies y llegar hasta el área contraria a base de combinaciones con los compañeros o conducciones de balón hasta llegar a posiciones de remate o de asistencia. Todas estas virtudes le valieron para hacerse con un palmarés más que decente, participar en tres mundiales seguidos (dos de ellos como titular), ganar cuatro CONCACAFS y diversos títulos nacionales con diferentes equipos. Todo un crack. Para muestra, un botón:




RENÉ HIGUITA: El rey Escorpión


El gran René Higuita tampoco se preocupaba mucho
del estilismo.
Bien podía haber jugado el campeonato mundial de USA 94 el portero colombiano René Higuita, puesto que estaba en su mejor momento, pero había un pequeño inconveniente: ESTABA EN LA CÁRCEL. Empezamos fuerte. Higuita fue encarcelado durante cinco meses por la justicia colombiana. El cancerbero  había admitido públicamente su amistad con el narco más famoso de todos los tiempos, Pablo Escobar, enemigo número 1 en Colombia y Estados Unidos. Higuita fue reculido  en la Cárcel Nacional Modelo de Bogotá por mediar en un feo caso de secuestros y ajuste de cuentas entre Pablo Escobar y Carlos Molina Yepes. La justicia colombiana consideró ilegal esa mediación, y envió al futbolista a la cárcel, lo cual le privó como decimos de la cita intercontinental a la que sin duda habría asistido, puesto que el seleccionador cafetero, Pacho Maturana, era un incondicional de Higuita en el puesto de portero. Más allá del hecho puntual, parece ser que este escándalo marcó el inicio del declive de su carrera, una carrera adornada con todo tipo de genialidades y excentricidades en el campo. Veamos, estamos una vez más ante la figura del portero goleador, cuarto o quinto según el ranking, la el número de goles notados por René Higuita* asciende a 44 durante toda su carrera, (37 de penalti y siete de falta) lo cual no es moco de pavo teniendo en cuenta su posición en el campo. Nacido en Medellín en 1966 pasó una infancia dura, criado por su abuela tras la muerte de su madre, tuvo varios trabajos y varios de sus amigos murieron de forma violenta, puesto que el barrio de Castilla, en el que se crió, estaba castigado por las drogas y la delincuencia, ambiente que le marcó para el resto de su vida. Pero ésta cambió antes de cumplir los 16  años y por pura casualidad; el Independiente de Medellín fue a buscar jugadores a su escuela. Como en el caso de Campos, Higuita era delantero, pero ese día se había lesionado el portero así que ocupó él su demarcación, comenzando de este modo la carrera de portero más recordada de todos los tiempos. Comenzó su como profesional en 1986 en el Millonarios Colombiano, pasando a lo largo de su carrera por Atlético Nacional de Medellín (el equipo de su amigo Pablo Escobar, dicho sea de paso)  con el cual ganó la Copa Libertadores- la primera que ganó un equipo colombiano- en 1989, en la cual paró cuatro tiros de penal y transformó uno de ellos. Real Valladolid, Areucas y Veracruz completan su carrera en clubes. Con la selección nacional formó parte de la que es reconocida mejor generación de todos los tiempos, en la que destacaban nombres como Faustino Asprilla, Valderrama o Mauricio Serna, su juego vistoso y alegre, cargado de talento eran un vivero excelente para que Higuita se recreara con sus salidas de la cueva iniciando los ataques, actuando de líbero e internándose en el campo contrario más de la razón podía aconsejar. Su momento  culminante se sitúa en el Munidal de Italia 90, donde todo el orbe pudo observar su jugada favorita, cortar la progresión del delantero ejerciendo de líbero fuera del área y comenzar un contrataque con autopases suicidas o internadas por la banda hasta encontrar a un compañero. "El loco" fue un pionero, el primero del tipo que hoy se conoce como  "escuela alemana". Como no hay gloria sin riesgo, en el mismo Mundia, Higuita cometió un fallo al intentar driblar al delantero de Camerún, el mítico Roger Milla,, en el centro del campo, que le arrebató el balón y anotó a puerta vacía el segundo gol de los leones y que dejaba definitivamente fuera del torneo a la Selección Colombia

.Pero si por algo es mundialmente famoso el protagonista que nos ocupa, es por su famoso escorpión en Wembley, jugada heterodoxa e insólita donde las haya, llevada a cabo en una de lo que se podría considerar la catedral europea del fútbol. El siete de septiembre de1995 los combinados nacionales de Inglaterra y Colombia, se enfrentaban en un intranscendente duelo amistoso. El partido transcurría con soporífera calma, hasta que en el minuto veintidós, un joven delantero inglés, James Redknapp, lanzó un impreciso centro (o chut) a la portería que defendía nuestro héroe,  Viendo éste un balón manso y la altura apropiada, decidió realizar una de sus acrobacias circenses, una de las que tanto repetía en los entrenamientos, la que él llamba  "El Escorpión" que consistía en vencer el cuerpo hacia adelante en un salto y después de dejar pasar temerariamente el balón sobre su cabeza despejarlo con los talones de los pies en efecto de palanca. Una decisión arriesgada desde luego, cuando millones de personas te están viendo. El propio arquero matizó que él había percibido como el juez de línea levantaba la bandera, y al creer que la jugada estaba invalidada, realizó esta acción.
El Escorpión en Wembley.
También cuenta con tono jocoso, que el buen linier, al ver lo que acababa de ver, decidió acto seguido volver a bajar la bandera para que el juego continuara y que la acción del cancerbero pasara a formar parte de la leyenda. Todo lo demás es historia, al día siguiente, las portadas de los medios ingleses e internacionales del ramo deportivo abrían con la genialidad del loco. Catorce años después, esta acción  sería votada por los internautas de la web footy-boots como la mejor jugada de la historia del fútbol, debido a su singularidad sin duda. Así, este divertimento que el paisa de Medellín inventó para hacer más espectacular el anuncio de zumos infantiles „“Frutiño“ en Colombia, pasó a la historia del fútbol. Higuita volvió a realizarlo en el partido de despedida de Maradona, como guiño entre dos genios, en un balón que Maradona envió desde medio campo suave y a la altura para el lucimiento del portero. Dicen los conocedores, que cuando hizo el famoso Escorpión de Wembley, Higuita ya estaba metido en las drogas otra vez, y que ese fue el principio del final de su carrera. Un hombre humilde, que de niño vio como sus amigos morían o traficaban para sobrevivir, creció en un campo de fútbol y llevó a la portería una filosofía de vida:  el fútbol no es para tomárselo en serio. Y así fue como ganó títulos y una estrella en el universo balompédico mundial. En este recopilatorio de Youtube podemos observar lo más granado de sus jugadas.






* Se que hay una descompensación entre los rankings de porteros goleadores. Ambos están extraídos de wikipedia. Imagino que el desfase está en que a Campos se le cuentan por separado los goles que metió con la camiseta de portero y los goles que metió con la camiseta de delantero después de cambiarse.


PD: Para no agotar al lector, he decidido hacer esta entrada en dos bloques. La parte número dos no contará con porteros con la personalidad de Campos e Higuita, pero traeremos a colación pequeñas joyas como el príncipe Rufai, o el inconsciente Barthez, pasando por la escuela alemana de porteros locos de los que dan miedo.




martes, 17 de febrero de 2015

EL AGUANÍS

Raúl en su etapa en el Shalke 04. 
En los tiempos que corren, malos, pésimos, tiempos para la lírica que dirían, cada uno a su manera, Bertold Brecht y Germán Coppini, hablar de fútbol sin camiseta y sin pasamontañas es poco menos que saltar en cueros a la hoguera de los torquemadas de tertulia, de chupito de aguardiente, de panfleto con ínfulas y catecismo de multinacional; son tiempo tiempos en los que que la iglesia de tu equipo está muy por encima del dios del fútbol (ese arrinconado demiurgo de pasiones que tanto da como quita en su indescifrable concepto de la justicia poética), tiempos en los que fuera de tu equipo sólo existe la guerra santa; en palabras de Rubén Uría “Es el peaje exigido por esa mayoría a la que no le gusta el fútbol, porque lo único que les gusta es su equipo, ese al que deben un estúpido sentido de la lealtad que les invita e vivir una realidad virtual, en la que el mundo está contra su equipo, que es una suerte de campeón inmaculado que jamás comete un error ni debe hacer autocrítica”.

Hoy voy a caer en esa herejía moderna jaleada por los grupos empresariales con sus legiones de siniestros sicarios de lengua de trapo; por adelantado pido que suelten a los perros porque siendo polaco desde antes de que me nacieran los dientes hoy vengo a hablar del Aguanís, ese gol mítico, antológico, de una de las leyendas del archienemigo: Raúl González Blanco. Un gol en el que he pensado un montón de veces, soñando con recrearlo, desde que lo vi, en directo, en un bar al lado de la facultad cuando la Copa Intercontinental se jugaba en Tokio y había que fumarse las clases para verla.
Ese martes 1 de diciembre del 98 Real Madrid y Vasco da Gama se batían el cobre en el Estadio Nacional de Tokio en un partido bastante igualado, con ocasiones en las dos puertas y 1 a 1 en el marcador. El partido languidecía camino del extra hasta que allá por el minuto 40 Raúl tiró de desparpajo, calidad y sangre fía sentando a dos defensas, portero y un señor que pasaba por allí para marcar un gol con nombre propio: el Aguanís..La pócima tiene tres ingredientes marca de la casa, aunque el papel de regalo y el lacito los ponga Clarence Seedorf con un pase de cuarenta y tantos metros de los de llorar de gusto al verlo. Primer ingrediente, el movimiento, que es la esencia del fútbol; con el equipo casi en la cueva arranca por el costado izquierdo y tira diagonal hacia la media luna buscando esa distancia del dinero, la que hay entre central y lateral; pánico en la defensa. Segundo ingrediente, el control; para bajar al piso ese tomahawk a toro pasado hay que tener mucha finura; Raúl siempre dijo que se le fue un poquito más de lo que le hubiera gustado, y puede ser, aunque un control más corto le hubiera restado épica al tercer paso de baile o ingrediente secreto: el Aguanís, o mejor dicho, los aguanises, que fueron dos; un primer capotazo de zurda, casi necesario, a Vittor que venía como un morlaco a tapar el tiro y una segunda caricia a la pelota, genial, envolviéndola dulcemente, el auténtico aguanís que acuesta en la hierba a Odvan y Germano antes de marcar con la derecha.

A partir de ahí, pues como nunca dijo Don Quijote de la Mancha: “Ladran, amigo Sancho, luego cabalgamos."


martes, 18 de noviembre de 2014

USA 94: LA EPOPEYA DE LOS FORAJIDOS BÚLGAROS



USA 94: El mundial de los equipos emergentes.
La Copa del Mundo que se celebró en los Estados Unidos en 1994 fue para mi una especie de rito iniciático futbolístico. A mis casi trece primaveras, fue el primer mundial que vi con auténtico interés y plena consciencia. Proviniendo de una familia carente de apego por el balompédico arte, mi hermano – con el que tengo el placer de compartir la autoría de este blog- y yo desarrollamos una pasión exacerbada por el mismo como mecanismo de rebeldía y que fue una fuente inagotable de problemas para la convivencia familiar en los tiempos de una televisión por casa, con dos canales y sin mando. Con estas circunstancias, fue para nosotros una feliz coincidencia que la familia decidiera modernizarse y en la casa de mis abuelos (donde pasábamos las vacaciones de verano) cambiaran la televisión en blanco y negro ese año por una en flamante technicolor. Así pues la televisión en blanco y negro de seis pulgadas pasó a la habitación de los niños para que no les pusieran la cabeza como un bombo a sus padres, y ahí que nos vimos el mundial entero, despertándonos a las dos y a las cuatro de la mañana para ver un Rumania- Suiza o un Bélgica- Arabia Saudí.

De este magno evento, varias imágenes quedaron grabadas en mi retina y también en el imaginario colectivo: El fallo de Julio Salinas ante ante Italia en los cuartos de final del torneo y el posterior gol de Roberto Baggio, dejando en la foto para la eternidad al bueno de Abelardo corriendo para alcanzar un balón que nunca alcanzaría, la propia coleta del superclase Roberto Baggio, y el penalti que falló el mismo en la final, Roger Milla jugando al fútbol con sus 42 años, los estrambóticos atuendos de Jorge Campos, el portero de México, las volteretas de Henrik Larsson, por aquél entonces un joven rastas delantero, los seis goles de Salenko en un partido, el bigotón de Azkargorta, el triste suceso del asesinato de Escobar, el codazo de Tassotti, el positivo de Maradona en el teste anti-dopping... y como no, Bulgaria, Bulgaria entera, Bulgaria como equipo, Bulgaria como ente, Bulgaria como forma de entender la vida.


Para un ávido lector de Astérix- Ver Asterix y los Normandos- era difícil resistirte a la 
tentación de animar a un equipo en el que la norma onomástica marcaba que el apellido debía de terminar en -ov o como mucho en - ev.De los 22 miembros que formaban la selección búlgara, solo el aguafiestas de Petar Mitharski se salía de la norma. Estaba claro que con tal uniformidad y musicalidad en la alineación ese equipo estaba destinado a hacer algo grande. El equipo blanquiverde, jugaba con una alegría y desparpajo anárquico que dio una nota de color al mundial donde Brasil ganó la final por penaltis y cuyos mejores jugadores fueron Dunga y Jorginho... Quedaron para la eternidad las imágenes de los búlgaros, sentados en una mesa de camping en la terraza de su hotel de concentración, jugando timbas de póker a altas horas de la noche, fumando, riendo y voceando. Estaba claro que los balcánicos tenían talento; justamente comenzaban a salir jugadores a las ligas extranjeras desde la Bulgaria post soviética (Stoichkov, Balakov o Kostadinov), Europa comenzaba  a conocer estos jóvenes futbolistas de calidad,calidad gestionada y puesta en orden  por el seleccionador y ex-jugador del CSK Sofia,  Dimitar Penev, uno de los  más laureados de la historia del país. Con este cóctel de juventud, talento, libertad y acierto en la gestión, este equipo de fútbol del que nadie esperaba nada, hizo historia, una selección cuyo máximo logro en el fútbol internacional había sido la participación en la fase final de México 86 y que hasta la fecha no conocía ninguna victoria en su haber en la cita mundialista.

El equipo de ensueño gozaba de un estilismo muy personal.
Pero vayamos por partes. Si usted ha nacido de los años noventa para acá, es probable,  que solo haya conocido el fútbol de Nike y Adidas, de la Premier League de super contratos con televisiones, de gomina y duchas en los descansos, de Neymar y Ronaldo... Si esto es así, puede que cuando vea el póster de la selección nacional búlgara de U.S.A 94 confunda el mismo con un afiche de la Interpol de los terroristas más buscados. Y es que más que un equipo de fútbol Bulgaria parecía una  banda de forajidos, una pandilla de cuatreros, una troupe de gitanos ambulante o los contendientes de un partido de solteros contra casados (el equipo de los casados en concreto) que se habían venido arriba y habían llegado al mundial. Su actitud dentro y fuera del campo era la de no hacer prisioneros, guerrilla total, defensas que barrían la pelota, líberos que se tiraban al monte si guardaespaldas, carreras vertiginosas, pases medidos, cinco hombres llegando al remate en una contra de cinco segundos, una mezcla de libertad, clase, exposividad y talento, también de juergas nocturnas, timbas de póker, puros y cigarros fumados como si no hubiera un mañana y compañía de señoritas antes de los partidos... la indisciplina y el talento, marca registrada del pueblo búlgaro. 


Dicen que un gran equipo debe tener, por lo menos, un buen hombre por línea. El equipo búlgaro tenía un futbolista talentoso por línea, un buen portero y un delantero goleador, amén de actores secundarios que desarrollaban su papel a la perfección y que de vez en cuando se salían del guión para interpretar algún solo. Era inevitable, iba en su ser. Pero además, cada hombre de talento llevaba asociadas unas pintorescas características físicas o personales. Hagamos un rápido repaso por los más destacados:

Vaya pelazo Borislav, ¿Es natural?
En la meta estaba el portero Borislav Mihaylov, portero del que quedé prendado por sus paradas en momentos claves y su seguridad en los balones aéreos. Lo que yo no sabía y a lo que  no quería dar crédito es que ese héroe bajo los palos había recurrido a un implante de pelo para luchar contra su incipiente alopecia. Dulce inocencia, la verdad es que viendo las imágenes, se le nota el injerto más que un peluquín, pero he de decir en mi defensa que en esa época pre- Internet no podía constatar cómo el hombre, en una batalla contra natura había ganado pelo desde México 86 hasta USA 94. Cruel decepción la que sufrí al confirmar tal extremo,había convertido al bueno de Borsilvav en mi héroe y joder, los héroes no son calvos...

Ivanov, "El Lobo Indomable", no hacía
prisioneros ni dentro ni fuera dek campo.
En defensa podemos destacar al ínclito, el sello, la bandera, Trifon Ivanov. Todos nos acordamos de él. Feo como un demonio,basto como la lija del cuatro, conocido como "El Lobo Indomable“,con pinta de feriante, de cosaco, de ex- presidiario, de trilero, de lo que quieras, de todo menos futbolista. Si Pepe se lo encontrara en un callejón oscuro lloraría como un bebé, si el chico malo Balotelli rozara con su Porsche de camuflaje el carromato de Zíngaro de Ivanov huiría despavorido ante la perspectiva de enfrentarse a puño limpio o a navajazos con tan ilustre personaje... Poco aficionado a los entrenamientos, tenía la costumbre de fumarse un cigarro antes de los partidos, lo cual no bajaba su rendimiento, puesto que en el campo lo daba todo. Muy aficionado a los coches, llegó a comprarse hasta un tanque. También declaró  que durante el mundial de USA 94, los "chicos de oro", como fue conocida posteriormente esa generación victoriosa "éramos tan buenos bebiendo como jugando al fútbol“ Ahí queda eso. El caso es que en el campo transmitía seguridad atrás, era un defensa contundente, eficiente por arriba y expeditivo a ras de suelo donde arrebataba los balones con sus clásicos barridos. Además tenía un disparo excelente, recuerdo de su etapa de delantero. y subía al ataque con una alegría y desparpajo que no era del gusto de todos los entrenadores. En Bulgaria en cambio le dejaban hacer. Definitoria muestra de su carácter como futbolista y personaje, es el vídeo de su gol y posterior celebración contra Gales que inserto aquí abajo. Disfruten.






Iordan Letchkov, la pesadilla de" Giorgi "y otras marcas de
gomina.                                                                                   
En el centro del campo, en la sala de máquinas, donde se crea y se destruye la verdadera excelencia futbolística, el equipo del país del Mar Negro tenía varias estrellas capaces de dar pases medidos que deshacían una defensa, driblar y rematar llegando en segunda línea. Balakov era el superclase del equipo, tenía una extraordinaria visión de juego, conducía el balón como los ángeles y solía dar el último pase, el que dejaba solo a los delanteros ante el portero rival. Todo ello le valió entrar en el once ideal del mundial que se decidió al finalizar el torneo, junto a cracks como Romario, Hagi,o Roberto Baggio. Pero a pesar de todo esto, quien quedó grabado a fuego en las retinas de todos los espectadores no fue el jugador del Stuttgart, sino Iordan Letchkov. Y ¿Por qué? Miren la foto y vuelvan a hacerse la pregunta. Por su "estilismo" si se le puede llamar así. Está claro que en la selección búlgara se luchaba contra la alopecia de muchas maneras. La forma de Letchkov era no resignarse y dejarse brotar en ese desierto capilar, un coqueto mechón central aislado del resto de pelo que se batía ya en retirada. Con 27 años aparentaba tener cuarenta y cinco, y si Ivanov tenía cara de bandido zíngaro, el bueno de Iordan tenía cara de oficinista, de funcionario de Hacienda, de revisor de tren o  de electricista y esforzado padre de familia, es decir, como su amigo Trifon, de todo menos de futbolista. Pero no hay que ser injusto con él. Por muchos era conocido como "el Mago" tenía un regate excepcional y podía jugar en el centro del campo y volcado hacía la derecha, además poseía una gran capacidad para desarrollar trabajo defensivo y también  llegada en segunda línea, no en vano marcó un buen par de goles en la fase final de USA  94. Como se puede ver, un caramelito par cualquier entrenador actual. Como  curiosidad podemos comentar que vez terminado su periplo como futbolista se convirtió en un exitoso hombre de negocios y fue elegido alcalde en su ciudad natal, Silven que gobernó durante ocho años hasta que fue retirado de la alcaldía por acusaciones de corrupción.

Stoichkov, Bota de Oro con el
CSK Sofia y  Balón de Oro con el
Fútbol Club Barcelona
La última línea que nos queda repasar es la delantera, cuyo puntal era el killer Emil Kostadinov, ll que sería delantero del Deportivo de la Coruña (entonces militaba en el Oporto) tenía un amplio repertorio de remates y culminaba las jugadas colectivas del equipo. Buena muestra de ello es el gol que mete a Francia en las clasificatorias. Pero la verdadera figura de la delantera blanquiverde el que más tarde sería un viejo conocido por la afición española: Hristo Stoichkov. Comparado con sus compañeros podía pasar casi por modelo, pero él ya se encargaba de ponerse a la altura de garrulez de sus compañeros posando en las imágenes de relax al lado de la piscina con un ajustado bañador y el pecho lleno de cadenas de oro ¡Válgame! De Hristo poco podemos decir que no se sepa aquí, era un hooligan que en lugar de estar en la grada estaba en el campo, insultaba, pisaba, se metía con los árbitros y con los rivales, corría la banda como un gamo y tenía una zurda de oro. Héroe en el Barcelona del Dream Team, en el 94 terminó como máximo goleador del mundial empatado con el abusón de Salenko  y su actuación en el torneo le hizo merecedor del Balón de Oro.

Para que no quede nada en el tintero, podemos mencionar  otro gran jugador, perteneciente a este glorioso equipo y también conocido de la afición española,(jugó en el Valencia, Atlético de Madrid, Celta y Compostela) Luboslav Penev, sobrino del seleccionador, fue el gran ausente de la cita puesto que estaba en proceso de recuperación tras una intervención  quirúrgica debida a un cáncer de testículo, aunque había sido fundamental en los partidos clasificatorios, no pudo participar en la parte final de la gesta búlgara.

No me extenderé mucho narrando el periplo de este avezado grupo de salvajes futbolistas durante la fase final del mundial, pero sí mencionaremos algunos partidos clave que forman parte de la leyenda inmortal, leyenda que se comenzó a gestar  en un partido de clasificación, en el impagable escenario del Parque de los Príncipes. La lluviosa tarde del domingo17 de noviembre de 1993, maldita para los franceses, gloriosa para los búlgaros, la escuadra de Dimitar Penev arrebató de la forma que más duele la plaza mundialista a la Francia de Cantoná, Ginola y Deschamps.  A falta de la última jornada, los bleus comandaban la clasificación con 13 puntos, les seguía Suecia con 12 y Bulgaria con diez. A los franceses les bastaba un punto para clasificarse, y lo tenían amarrado en el minuto noventa, el partido iba 1-1 con goles de Cantoná y Kostadinov, cuando David Ginola tras una falta a favor, en lugar de apurar los segundos lanza un centro a nadie, que es despejado por el lateral la defensa  búlgara. El balón llega a Lubo Penev en posición de centrocampista y lanza un extraordinario pase de cuarenta metros a la carrera del delantero búlgaro que fusila al portero. Doblete de Kostadinov, Bulgaria a Estados Unidos, Francia a casa. Por favor, no dejen de ver los movimientos sin balón. Qué obra de arte. (Análisis más extenso en la Post Data)



Ya en EEUU los búlgaros comenzaron con mal pie, perdiendo contra la exitosa selección de Nigeria por 3 goles a cero, con goles de Yekini, Amokachi y Amunike. Los búlgaros se desquitaron con la cenicienta del grupo D, Grecia a la que arrasaron por cuatro goles a cero y comenzaron a dar la sorpresa de verdad ganando a Argentina (ya sin Maradona, expulsado por el famoso positivo en el test anti-dopping contra Nigeria), con goles de Stoichkov rematando una bella jugada de pase interior a la carrera y también de Sirakov. Con triple empate a seis puntos, pasaron los tres primeros como dictaminaban las normas mundialistas de entonces. En el partido de octavos contra México se llegó al final del tiempo reglamentario con empate a uno, goles de García Aspe y Stoichkov. Ya en la ronda de penaltis Mihaylov, el portero del implante de pelo, se convirtió el héroe al atajar dos penaltis, que dicho sea de paso, estaban fatal lanzados. Desde mi punto de vista, la mejor parada en esa tanda, la hizo el portero rival, el "discreto" Jorge Campos. Por cierto, vaya nivelazo de porteros en ese tornero, quizá un día merezcan una entrada en CamaradaLobanovsky, pero esa es otra historia.
Pasados los octavos, comenzaba lo serio, cuartos de final contra Alemania, el equipo que siempre gana en los estándares de definición de Gary Lineker.  Partido a cara de perro. Mathaus se adelanta de penalti en el 44. En el minuto 75 Illgner sale del área y hace falta a Stoichkov, él mismo se encarga de lanzarla y la clava por la escuadra. Dos minutos después Letchkov realiza un plástico remate de cabeza en plancha a un centro que viene por banda derecha y logra dar la vuelta al marcador. El tiempo pasa y Bulgaria a semifinales. 






Ya todos los equipos se toman en serio a esta manada de lobos de las montañas búlgaras, y ya todos los aficionados tenemos en el corazón a Bulgaria y su despreocupado "way of life", cuando llega el partido de semifinales contra la Italia de los Baggio, Maldini y Baressi. Los Dandis guaperas contra los forajidos salvajes.
El partido fue dominado por los italianos durante la primera parte,que desarrollaron un extraordinario fútbol,acosando continuamente la portería búlgara, y exigiendo brillantes  intervenciones del meta  Mihaylov. Pero el acoso acabó en derribo y el arma más letal de los italianos,Roberto Baggio, se destapó:  primero con un golazo de jugada individual en el minuto 20( tiro al palo largo desde el exterior del área) y  después terminando una jugada colectiva en  el minuto 25 tras pase de Albertini.. A juzgar por la caraja de la que hicieron gala los búlgaros, es de sospechar que ese día la resaca consecuente a la noche de póker y whisky había sido más dura de lo habitual. En el 44 Stoichkov recorta distancias tras un clamoroso penalti del portero italiani Pagliuca a Sirakov. En la segunda parte Bulgaria lo intentó con más ahínco, pero las ideas no estaban muy claras, hasta que llegó la jugada de la polémica, cuando un disparo de Kostadinov impacta claramente en las dos manos de Costacurta dentro del área. El árbitro no pita nada. Stoichkov enloquece, pero de nada sirven las protestas. Las suspicacias afloran en la afición búlgara. El árbitro, Joël Quiniou es francés,  y justamente ellos habían dejado en la cuneta a Francia al clasificarse para el mundial. ¿Retorcida venganza? Con los franceses nunca se sabe. El caso es que este señor pasó a ser el enemigo público número uno en Bulgaria, y que el equipo nacional cayó en semifinales, no pudiendo alcanzar la gloria total, y jugando el tercer y cuarto puesto contra la Suecia de Larsson, Brolin y Kenneth Andersson. Pero los búlgaros decidieron que habían hecho todo lo que tenían que hacer, y que los días que les quedaban en EEUU serían de vino y rosas, así que pasaron de preparar el partido, salieron al campo con una resaca de tres pares de narices y Suecia les metió cuatro. Ese mundial lo ganó Brasil en los penaltis tras una soporífera final, pero los verdaderos ganadores fueron suecos y búlgaros que llevaron la sorpresa, la alegría y el buen fútbol a los ojos del mundo.




PD: DIMITAR PENEV:

Cualquier artículo que puedas leer por la red sobre su relevancia en el éxito del equipo nacional búlgaro coincide en la siguente aseveración: El seleccionador dejaba hacer ante el talento búlgaro sin intervenir demasiado en la preparación Parece que hay acuerdo, pero yo pongo en seria duda que el hombre se limitara a ser comparsa en la fiesta privada de Stoihckov y sus compañeros de farra. Una cosa es que conociendo el temperamento búlgaro el entrenador y ex defensa central dejara a los jugadores explayarse lejos del campo de entrenamiento y otra es que se limitara a "poner a los buenos" como repiten los ignorantes a voces en las diferentes tertulias telefónicas. Solo hay que ver los goles de Bulgaria que he se muestran en esta entrada para darse cuenta de que en ese equipo hay unos mecanismos aprendidos que se repiten de memoria. Quizá por eso Penev llevó a la selección varios jugadores que conocía bien puesto que los había tenido al mando en el CSK Sofia como Stoichkov y Kostadinov. Al ver el gol que da la clasificación ante Francia, es evidente para un ojo mínimamente entrenado, observa unos mecanismos de fútbol tota l( muy en boga entonces en los equipos de Europa del Este) imposibles de llevar a cabo sin una preparación seria y concienzuda. Repasemos la jugada: Ginola centra, y el balón perdido lo recoge el lateral derecho Hubtchev, al que como una flecha se le acerca Ivanov para darle la ayuda en la transición ataque- defensa. Una vez suelta la bola, el lateral corre la banda como si no hubiera un mañana aprovechando el espacio creado a la espalda por el movimiento de arrastre de los delanteros búlgaros. Uno de ellos es Penev, que abandona su posición de delantero centro para recibir el balón en la línea de medios. Ivanov le cede rápidamente el balón en un pase comprometido al centro del campo. Penev se da la vuelta y realiza un pase superclase de  treinta metros, a la carrera de Kostadinov que precisamente aprovecha el desajuste defensivo provocado por la subida del lateral. Kostadinov chuta y marca con la ayuda del defensa francés, pero al remate han llegado hasta tres hombres: lateral, extremo izquierdo y centrocampista. El 3-4-3 superofensivo que desarrollaba el bueno de Dimitarsolo era posible con este intercambio continuo de posiciones. La llegada en segunda línea de hombres como Lechkov y los ataques al espacio de Stoichkov sobre los pases de Balakov indican que en el entrenamiento quizá no corrían mucho, pero tampoco se dedicaban exclusivamente a estudiar la forma de desplumar a sus compañeros de de equipo en sus míticas timbas.



jueves, 17 de julio de 2014

Buckminsterfullereno

Biosfera de Montreal.
Llevaba tiempo dándole vueltas (nunca mejor dicho) a la cabeza intentando escribir unas líneas sobre el alfa y el omega de todo este monumental circo que hoy es el fútbol, a saber, el balón, pelota, cuero, bola, esférico y demás sinónimos, metáforas y asociaciones de ideas; todo ello sin éxito, un poco por mi culpa, porque no daba con nada que me llenara o, como diría Holden Caulfield, que me hiciera estar en vena, y un mucho porque del tema ya se ha escrito lo que no está en los escritos, valga la paradoja (origen, materiales, variantes, nombres y mil manidos tópicos más) y no encontraba nada decente y/o interesante que decir.

Pero una vez más el Cosmos, por su cuenta y riesgo, hace que todo encaje como un puzle sideral y en una sobremesa, antes de que los leones del Serengeti ineludiblemente se zamparan su gacela de la hora del café, me topé con una palabra que, no sólo me ha tenido obsesionado varios días, sino que me ha servido de clave en lo que andaba buscando: buckminsterfullereno.

Sentado lo anterior, vayamos por partes, a ver si soy capaz de hilar esta lobanovskyana digresión que intenta aunar fútbol, arquitectura y química : Richard Buckminster Fuller, caballero que da nombre a la palabra de mis obsesiones, nunca en su vida, que se sepa, le dio una patada a un baúl, así que aparentemente poco o nada tuvo que ver con el balompié; fue un arquitecto estadounidense, famoso por diseñar cúpulas geodésicas basadas en pentágonos y hexágonos, siendo su obra más famosa el pabellón norteamericano en la Exposición Universal de 1967 en Montreal, hoy conocido como Bioesfera, ejemplo de casi todas las cúpulas que podemos ver en los planetarios. Por otro lado, con el Mundial de México de 1970 se presentaba un nuevo tipo de balón que abandonaba el diseño de bandas alargadas al estilo pelota de voleibol que había acompañado al fútbol desde su nacimiento: un balón de fútbol de 20 hexágonos blancos y 12 pentágonos negros: el luego bautizado Adidas Telstar. Caminos paralelos hasta ahora, opciones en campos del saber basadas en una concreta y discutible idea de lo que es mejor.

Buckmisterfullereno o futboleno
 Pues bien, a todo ello ha de sumarse que en 1985 se descubrió una    molécula de Carbono en el espacio (en la atmósfera de las    estrellas gigantes roja, aunque luego resultó que es ciertamente  común en la Tierra), concretamente una molécula esférica compuesta  por 60 átomos de carbono con alternancia de anillos de 5 y 6 átomos,  esto es, estructurada en 32 pentágonos y hexágonos; al bautizar la  molécula, sus descubridores (premios Nobel, nada menos) se  acordaron no de algo tan mundano como un balón de fútbol,  sino de las cúpulas del Señor Fuller y la bautizaron con tan  retorcido y pintoresco nombre.

Lo llamaraon Telstar porque "Adidas Buckmisterfullereno
quedaba poco comercial"
El backminsterfullereno, muy popular entre los científicos por su belleza (y tanto) estructural y versatilidad, es un poliedro verdaderamente curioso: forman una esfera cuyo interior está hueco, siendo una estructura de elevada regularidad que presenta 32 caras, 20 de ellas con forma hexagonal y 12 con forma pentagonal, distribuidos de forma tal que ningún pentágono comparte un lado con otro pentágono (parece ser que eso desestabiliza la estructura). Que me aspen si eso no es un Tango, un Azteca o, el mejor balón que mis pies han hollado, un Etrusco Unico. Increíblemente, dos disciplinas, artes o como queramos llamarlas en las antípodas, fútbol y arquitectura, sin saberlo, convergían en su idea de la perfección, con la bendición del propio Universo. Y digo sin saberlo, porque la cronología de los hechos es harto curiosa: el diseño de balón de fútbol de 20 hexágonos blancos y 12 pentágonos nació con el mundial del 70; Richard Backminster Fuller murió en 1983, aunque comenzó a trastear con sus creaciones de cúpulas geodésicas en los años 40 del siglo pasado. Un nacimiento y una muerte años antes del descubrimiento de la molécula que le da sentido a todo.

No es mi intención echar leña al fuego del debate sobre la evolución de los balones con el paso del clásico de treinta y dos pentágonos y hexágonos a la saga de modernos balones iniciada en 2006 con el Adidas Teamgeist de catorce piezas, en primer lugar porque ya elige el Dios Mercadotecnia por nosotros y en segundo, porque cada uno tendrá sus gustos, pero ahí lo dejo: lo que el Cosmos ha unido, que no lo separe el Hombre.

jueves, 29 de mayo de 2014

BILLY McCRACKEN CONTRA LA NORMA NÚMERO ONCE





Este gesto te producirá furia o alivio, según el caso, lo
maldecirás cuando se equivoque, pero no le felicitarás
cuando acierte
¿Quién no se ha visto en la tesitura de tener que explicar la norma del fuera de juego con vasos, mecheros, servilletas arrugadas o cualquier elemento que se tenga a mano? ¿Quién no ha sentido una honda satisfacción cuando el atento discente –normalmente una aficionada estacional al balompié (mundiales y eurocopas) o algún joven diletante- entiende la norma? Moviendo los papelitos para arriba y para abajo se siente uno Rinnus Mitchels entrenando al Ajax, Napoléon disponiendo las líneas envolventes, Kasparov analizando un tablero... bueno, no nos pasemos.  Pero lo que sí es cierto, es que el fuera de juego, o ORSAI como dicen nuestros colegas del otro lado del atlántico, añade una salsa agridulce al fútbol que nos encanta, máxime si le sumamos el factor humano error- acierto, de los sufridos colegiados.



La norma del fuera de juego es una especie de distorsión en el mundo del fútbol, una disposición adicional algo enrevesado a  una serie de normas bastante sencillas. La historia nos muestra que el fuera de juego sirve para adquirir ventaja utilizando la inteligencia y no la condición física, lo cual refuerza la teoría, que dice, al contrario de la creencia popular, que los mejores futbolistas son los más inteligentes.
Inglaterra, mediados del XIX, cualquier universidad, llámalo fútbol, llámaloX
Si hablamos de historia del deporte rey, el fuera de juego ha existido desde los primeros estadios del mismo  De hecho, la Football Associacion, basándose en las Normas de Oxford, crea en 1863 el primer reglamente que diferencia definitivamente el modo de jugar al fútbol del rugby, pues hasta entonces eran la misma cosa: no se puede jugar el balón con las manos, no se puede dar una patada en la tibia para detener al rival (vaya por dios)y la famosa regla número once

"Cualquier jugador que se encontrase más adelantado que el balón jugado por un compañero suyo está automáticamente en fuera de juego y no puede ni intentar jugar el balón ni molestar a un contrario" 

 La idea, es que, como hoy en día no se quedará ningún delantero descolgado esperando recibir el balón, aunque bien es cierto, que esa norma estaba  muy influida por el rugby todavía
Esta norma duró hasta 1863, y su principal efecto en el juego era que no existía el juego de pase, si no que el que cogía la pelota tiraba millas hasta encarar al portero- dribling game-  acompañado por ocho o nueve compañeros en línea, un ataque muy parecido al de rugby, puesto que existía el pase adelantado. Obviamente la  distinción entre delanteros, centrocampistas o atacantes  no existía puesto que no tenía razón de ser.

 En 1866 se intenta perfeccionar la norma dejándola del siguiente modo: 


William Robert McCracken planeando como desquiciar
delanteros sin tener que correr mucho.                             
"Un jugador está en fuera de juego, si en el momento en el que recibe el balón o este llega a su altura, entre él y la portería contraria hay menos de tres jugadores de equipo“ Debido a este cambio. la colocación de los jugadores en el campo comenzó a evolucionar rudimentariamente, ahora ya se distinguían las tareas de atacante y defensor y de los encargados de llevarla a cabo por su distribución en el campo La táctica más utilizadas hasta momento eran las exuberantes 1-1-9 (portero, defensa, delanteros) o   1-1-1-8, lo que hoy en día se conoce como la pesadilla de  Roberto Mancini. A partir de 1966 con el cambio en el fuera de juegos e se puso de moda la disposición táctica llamada sistema piramidal, formado dos defensas, tres centrocampistas y dos delanteros. De este cambio, se aprovechó, y de qué manera, un avispado zaguero zurdo norirlandés  del Newcastle: Billy McCracken ha pasado a la historia del fútbol por utilizar una norma en su favor de forma tan flagrante que finalmente provocó el cambio de la norma. No es exagerado decir que se adelantó en noventa años al Milan de Sacchi en su concepto del achique de espacios. 

En 1904 sesenta años de fútbol contemplaban  los campeonatos ingleses, el sistema piramidal con dos defensas y cinco delanteros era utilizado por todos los equipos, y el Newcastle era un equipo que pasaba sin pena ni gloria año tras años por él. Entonces,s según cuentan, al bueno de Billy se le ocurrió una idea. La idea consistía en ponerse de acuerdo  con el otro zaguero, Frank Hudsperth para dar unos pasos hacia adelante antes de que el delantero del equipo contrario recibiera el balón para así dejarlo en fuera de juego. El bueno de Frank ni siquiera entendió la idea al principio, hasta que la vio dibujada en el suelo. Entonces debió pensar por qué una trampa tan fácil no había sido utilizada anteriormente. Además por aquel entonces "tirar el fuer de juego" no necesitaba tanta coordinación como ahora. Con un solo defensa que se adelantara el delantero caía en posición adelantada. Mac Crakken solía avisar  a su compañero y   correr en diagonal delante de Frank, dejando a los delanteros que tenía el balón en fuera de juego, o en el peor de los casos enfrentado a un último  defensa.. Billy hizo uso y abuso de esta estrategia. Los testigos le recordaban dando un paso hacia adelante y levantando la mano (parece ser que es una tradición que viene de largo) para que el árbitro se percatase del movimiento. Como resultado del invento, el Newcastle ganó el Football League Championshiop en en 1904, 1906, y 1907, siendo en 1904 el campeón con menor número de goles anotados. De hecho llegó a empatar seis partidos seguidos a cero en su segundo campeonato. Los delanteros se desesperaban cayendo una y otra vez en la trampa, los espectadores se cabreaban ante tanta interrupción en el juego y arrojaban al  defensa irlandés, fruta podrida y  alguna que otra tubería para descargar su frustración. Pero lo pero estaba por llegar... A partir de 1910 todos los equipos comenzaron  utilizar esta estrategia, los goles y emoción decayeron y los espectadores decidieron elegir otros deportes más emocionantes que seguir... La cosa seguía en decadencia, y el bueno de Mac Cracken se retiraba del fútbol en 1923 con 432 partidos jugados y ocho goles anotados... para ser entrenador  y seguir martirizando a la Football Association con su machacona técnica. En 1923 coge las riendas del Hull City como entrenador, pero ya entonces los directivos de la asociación de fútbol inglés prevén un cambio de leyes, que acabe con la estrategia del achique de espacios. En 1925, tras diversas  y estrambóticas pruebas en amistosos (como marcar un área de cuarenta yardas donde el fuera de juego no era válido, o jugar con reglas diferentes, una en cada tiempo), la Football Association cambió la norma a la que se parece más a la actual:

El sistema ideado por Chapman contra un clásico 2-3-5.
Las palizas con el nuevo sistema estaban a la orden del día.
"un jugador se halla en fuera de juego si se  encuentra más cerca de la línea opuestas que el balón y el penúltimo adversario“. Con este cambio, quedó obsoleta la táctica del vivo irlandés, y se recuperaron parte de los goles y del espectáculo. Como efecto colateral, cambió la disposición táctica de los jugadores en el campo, siendo la más exitosa la del entrenador del Arsenal, Herbert Chapman, que popularizó la famosa disposición táctica WM que se utilizaría prácticamente hasta la irrupción del fútbol total. En cuanto a la ley del fuera de juego, esta permanecería intacta hasta que  fue retocada en 1990 después del mundial, permitiendo al delantero partir de la misma línea que el último defensa- (antes tenía que partir por detrás).




jueves, 20 de marzo de 2014

FÚTBOL Y POESÍA: Extraños encuentros casuales.



¿Qué es poesía? Me dices  mientras con la vena del cuello hinchada y los ojos desorbitados cantas ¡ÁRBITRO CABRÓN HIJOPUTA MARICÓN! al ritmo que te marcan las delicadas notas de un bombo... ¿Hay algo más antitético que fútbol y poesía? Quizá los binomios Pérez- Reverte/ Calidad literaria o Legionario/ Buen gusto, estén casi al mismo nivel de incompatibilidad. Fútbol y poesía, conceptos difíciles de conjugar. Hemos visto que filósofos, escritores y ensayistas han escritp hermosas páginas sobre el deporte que nos ocupa. Galeano, Camus, Hornby, Montalbán han  dedicado su prosa a tardes de gloria, a momentos de infancia, a reflexiones metafísicas, políticas y hasta gastronómicas con el balón como protagonista. Más difícil es encontrar sin embargo, poemas; versos inspirados y de calidad con la misma temática de autores consagrados. Pudiera parecer que no hay vida poética en las gradas más allá de los pareados cantados por la afición para atormentar al rival o ensalzar a tu equipo. Pero si rascamos un poco la superficie, podemos encontrar algunos más que dignos ejemplos (nos ceñiremos a la literatura en castellano) de poetas de fama universal que dedicaron su tinta en alguna ocasión al balón y aledaños. Como en una tanda de penaltis, damos cinco muestras de poemas dedicados al fútbol con la pequeña historia que encierran detrás, cada poeta con su estilo, Benedetti lanza a lo Panenka y el poema entra suavemente en la red, mientras que Celaya suelta un trallazo arriba que dobla las manos al portero y acaba entrando....




Miguel Hernández (abajo segundo por
la derecha) y el resto de componentes
de "La Repartidora"
Uno de los casos más reseñables de poetas que dedicaron algunos de sus versos al noble arte de hacer el balón  rodar fue Miguel Hernández, el más grande poeta que jamás dio este país. Parece ser que el oriolano era gran aficionado al fútbol y militaba en el equipo de aficionados "La Repartidora". Dicen los testigos que no estaba especialmente dotado para los lances atléticos que exigía su posición como extremo derecho, algo que ya nos hace sospechar su apodo de guerra. "La barbacha" (Caracol). Afortunadamente el poeta supo suplir sus carencias con pasión como en otros lances de su vida y decidió ayudar a la repartidora desde otros flancos. Así, creo el himno del club, y otros cantos de ánimo a los jugadores de este equipo amateur, aunque su poema futbolístico reconocido como tal es la elegía que escribió a Lolo Sampedro, el portero del Orihuela después de su muerte, en "Elegía al Guardameta":

Tu grillo, por tus labios promotores,
Miguel Hernández declamando su elegía.
de plata compostura,
árbitro, domador de jugadores,
director de bravura,
¿no silbará la muerte por ventura?
En el alpiste verde de sosiego,
de tiza galonado,
para siempre quedó fuera del juego
sampedro, el apostado
en su puerta de cáñamo añudado.
Goles para enredar en sí, derrotas,
¿no la mundial moscarda?
que zumba por la punta de las botas,
ante su red aguarda
la portería aún, araña parda.
Entre las trabas que tendió la meta
de una esquina a otra esquina
por su sexo el balón, a su bragueta
asomado, se arruina,
su redondez airosamente orina.
Delación de las faltas, mensajeras
de colores, plurales,
amparador del aire en vivos cueros,
en tu campo, imparciales
agitaron de córner las señales.
Ante tu puerta se formó un tumulto
de breves pantalones
donde bailan los príapos su bulto
sin otros eslabones
que los de sus esclavas relaciones.
Combinada la brisa en su envoltura
bien, y mejor chutada,
la esfera terrenal de su figura
¡cómo! fue interceptada
por lo pez y fugaz de tu estirada.
Te sorprendió el fotógrafo el momento
más bello de tu historia
deportiva, tumbándote en el viento
para evitar victoria,
y un ventalle de palmas te aireó gloria.
Y te quedaste en la fotografía,
a un metro del alpiste,
con tu vida mejor en vilo, en vía
ya de tu muerte triste,
sin coger el balón que ya cogiste.
Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto! tino
y efecto, tu cabeza
dio al poste. Como un sexo femenino,
abrió la ligereza
del golpe una granada de tristeza.
Aplaudieron tu fin por tu jugada.
Tu gorra, sin visera,
de tu manida testa fue lanzada,
como oreja tercera,
al área que a tus pasos fue frontera.
Te arrancaron, cogido por la punta,
el cabello del guante,
si inofensiva garra, ya difunta,
zarpa que a lo elegante
corroboraba tu actitud rampante.
¡Ay fiera!, en tu jaulón medio de lino,
se eliminó tu vida.
Nunca más, eficaz como un camino,
harás una salida
interrumpiendo el baile apolonida.
Inflamado en amor por los balones,
sin mano que lo imante,
no implicarás su viento a tus riñones,
como un seno ambulante
escapado a los senos de tu amante.
Ya no pones obstáculos de mano
al ímpetu, a la bota
en los que el gol avanza. Pide en vano,
tu equipo en la derrota,
tus bien brincados saques de pelota.
A los penaltys que tan bien parabas
acechando tu acierto,
nadie más que la red le pone trabas,
porque nadie ha cubierto
el sitio, vivo, que has dejado, muerto.
El marcador, al número al contrario,
le acumula en la frente
su sangre negra. Y ve el extraordinario,
el sampedro suplente,
vacío que dejó tu estilo ausente.


También versaba sobre un portero el poema balompédico de uno de los autores más reconocidos de la literatura contemporánea española. Estoy hablando de  "Oda a Platko" de Rafael Alberti,  también conocido como "Al oso rubio de Hungría" El poema conmemora una anécdota que sucedió en la final de copa de 1928. Disputaban el tercer y definitivo partido de la fina en los Campos de Sport del Sardinero  Real Sociedad de San Sebastián y Fútbol Club Barcelona. El mismo Alberti asistió al evento. Según narró con sus propias palabras: “ Un partido brutal. [...] Se jugaba un partido de fútbol, pero también el nacionalismo. [...] Platko, un gigantesco guardameta húngaro, defendía como un toro el arco catalán. Hubo heridos, culatazos de la Guardia Civil y carreras del público. En un momento desesperado, Platko fue acometido tan furiosamente por los de la Real Sociedad que quedó ensangrentado, sin sentido, a pocos metros de su puesto, pero con el balón entre sus brazos [...] apareció de nuevo, vendada la cabeza, fuerte y hermoso, decidido a dejarse matar"


Platko tras el choque con Cholin
Ferenç Platko era el portero húngaro del Barcelona en ese momento, un gigante rubio que se hizo aún más grande cuando los delanteros de la Real Sociedad atacaban con más furia el aro azulgrana. En uno de estos lances, el delantero centro de los donostirras, Cholin, dirigía el balón hacia la portería sin más obstáculo que el guardameta, el cual no vaciló en tirarse a los pies del atacante para blocar la pelota, y recibir el impacto de la bota del rival destinado al balón en su propia cabeza. Tras la conmoción y seis puntos de sutura, tal y como cuenta Alberti, Platko volvió al campo y siguió parando hasta conseguir la copa para el Barcelona. El poeta inmortalizó este momento con este poema/crónica/instantátea:






Oda a Platko

Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
"El oso rubio de Hungría"
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.
No nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.
¡ Tú, llave, Platko, tu llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo !
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Volvió su espalda al cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas sin viento.
El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por ti, sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto
temieron las insignias.
No nadie, Platko, nadie,
nadie se olvida.
Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.
Azul heróico y grana,
mando el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas,
rotas alas, combatidas, sin plumas,
escalaron la yerba.
Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.
¡ Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría !
Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario al viento abrió una brecha.
Nadie, nadie se olvida.
El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
Las insignias.
Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.
¡ Oh, Platko, Platko, Platko
tú, tan lejos de Hungría !
¿ Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte ?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.

Lo que es menos conocido es que el también poeta Gabriel Celaya, aficionado "txuriurdin" de pura cepa,divergía de todo punto con esta visión del partido, y en lugar de tener un enfrentamiento callejero con Alberti, escribió esta curiosa "Contra oda del poeta de la Real Sociedad" utilizando argumentos que un siglo después todavía no han caído en desuso:


Y recuedo también nuestra triple derrota
La Real Sociedad en 1928
en aquellos partidos frente al Barcelona
que si nos ganó, no fue gracias a Platko
sino por diez penaltis claros que nos robaron.
Camisolas azules y blancas volaban
al aire, felices, como pájaros libres,
asaltaban la meta defendida con furia
y nada pudo entonces toda la inteligencia
y el despliegue de los donostiarras
que luchaban entonces contra la rabia ciega
y el barro, y las patadas, y un árbitro comprado.
Todos lo recordamos y quizá más que tu,
mi querido Alberti, lo recuerdo yo,
porque yo estaba allí, porque vi lo que vi,
lo que tú has olvidado, pero nosotros siempre
recordamos: ganamos. En buena ley, ganamos
y hay algo que no cambian los falsos resultados.

Sin abandonar el solar ibérico, podemos citar otro poeta de la generación del 27 que dedicó algún verso al fútbol, esta vez como entretenimiento infantil y recuerdo nostálgico y feliz. Gerardo Diego escribió en 1961 "Balón de fútbol" dentro del poemario: "Mi Santander, mi cuna, mi palabra". Y a pesar de la distancia cronológica e ideológica que separa al autor de estos versos con el que suscribe, es imposible no identificarse con los partidos de fútbol de después de clase en la plazuela, libros y chaquetas haciendo de portería, mundialito o todos contra todos, hasta que anochece y hay que irse a casa...

Balón de fútbol

¿Tener un balón ? Dios mío.
Ilustración de Constantino Gacía Gómez sobre el texto de Gerardo Diego.
Qué planeta de fortuna.
Vamos a los Arenales :
cinco hectáreas de desierto,
cuadro y recuadro del puerto.

Qué olor la Tabacalera.
-Suelta ya el balón. Incera.
-No somos once. -No importa.
Si no hay eleven hay seven.
Qué elegante es el inglés :
decir sportman, team, back ;
gritar goal, córner, penalty.
(Aún no se ha abierto el Royalty.)

-Marca tú la portería :
textos y guardarropía.
-Somos siete contra siete.
Un portero y un defensa,
dos medios, tres delanteros ;
eso se llama la uve.
Y a jugar. Vale la carga.
pero no la zacandilla.
Yo miedo nunca lo tuve ;
(Una brecha en la espinilla.)

Ya se desinfla el balón.
Sopla tú fuerte la goma.
Ata ya el cuero marrón.
El de badana en colores
déjase a los menores
para botar con la mano.

 Mañana a la Magdalena
a jugar contra el « Piquío ».
Y al « Plazuela », desafío.

Tener un balón, Dios mío.

Para terminar saltamos el charco para dar una muestra de la lírica canchera que nos ofrece la literatura latinoamericana. Soy consciente de que en una entrada dedicada a fútbol, y poesía, solo aparezcan nombrados un par de poetas latinos  es tremendamente injusto, puesto que escritores e intelectuales latinoamericanos han escrito siempre sin el complejo de sus colegas ibéricos sobre el fútbol, quizá por haber estado siempre más cercanos al pueblo que sus colegas transatlántico. Autores como el chileno Nicanor Parra o Juan Gelmán han escrito sin rubor y con orgullo de su pasión por el deporte rey. Hasta existe en Perú, un equipo llamado como el poeta César Vallejo. Aunque el equipo tome el nombre de la Universidad cuyo epónimo homenajea al vate, no existe simbiosis más perfecta entre ambas disciplinas que el "Universidad César Vallejo Club de Fútbol", escuadra trujillense que milita en la primera división. Pero el poema que elegimos para cerrar esta tanda, no es de Vallejo, si no, y con el permiso de Galeano, del también escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti, además de escribir el "Libro del fútbol" y cuentos como "Puntero izquierdo" escribió este poema/ homenaje a Maradona:

Hoy Tu Tiempo Es Real

Hoy tu tiempo es real, nadie lo inventa
Mario Benedetti
Y aunque otros olviden tus festejos
Las noches sin amos quedaron lejos
Y lejos el pesar que desalienta.

Tu edad de otras edades se alimenta
No importa lo que digan los espejos
Tus ojos todavía no están viejos
Y miran, sin mirar, más de la cuenta

Tu esperanza ya sabe su tamaño
Y por eso no habrá quien la destruya
Ya no te sentirás solo ni extraño.

Vida tuya tendrás y muerte tuya
Ha pasado otro año, y otro año
Les has ganado a tus sombras, aleluya.

"Un balón envenenado" un ¿breve?
affair entre poesía y fútbol.
Afortunadamente, y contradiciendo la tesis principal del artículo, parece ser que algo se está moviendo en el mundo literario y comienza a haber iniciativas que dan cabida a fútbol y poesía. Una de ellas es la selección "Un balón envenenado", un libro editado por la Editorial Visor de Poesía, con el poeta Luis García Montero como padrino del proyecto, en el que se recogen textos como los que se han mostrado en esta entrada y y algunos otros de poetas modernos. Una iniciativa similar es "El gol nuestro de cada día, poemas escogidos de fútbol", una antología de poemas e que aparecen autores como el mismo García Montero, Luis Alberto de Cuenca, Harold Pinter o Humberto Saba. Y es que por mucho que se nieguen los intelectuales rancios y probablemente tuercebotas tipo Sánchez Dragó;  Zidane  rematando un balón llovido, en un escorzo imposible que impulsa el esférico por  el aire en blandas líneas de fantasía hasta cruzar la escuadra del arco contrario, no deja de ser poesía.




Para más información sobre este tema:



http://davidbecerramayor.blogspot.com.es/2014/02/miguel-hernandez-pierna-cambiada.html

http://elasombrario.com/la-champions-y-los-versos-de-amor/

martes, 18 de febrero de 2014

TRIÁNGULOS

Los griegos, sobre todo los antiguos (los modernos bastante tienen con lo que tienen), que siempre han sido los mejores en eso de darle vueltas al tarro, filosofar y sacarle las entrañas a lo divino, lo humano y lo que queda entre medias, tenían claro que la figura geométrica perfecta era la esfera; con ello una cosa queda patente: de fútbol poco o nada sabían los griegos ya que en el fútbol la perfección, le pese a quien le pese, la engendra el triángulo.

Evidentemente, al fútbol se juega CON una esfera, más o menos perfecta aunque, eso sí, cada día más patentada, mercantilizada y venida a menos; pero se juega SOBRE una superficie plana y ahí el rey, el alfa y omega, es el triángulo. Dice mi amigo Alberto, que de esto entiende lo suyo, que cuando quieras abarcar la mayor superficie posible, descompón la misma en triángulos. Pues eso es el fútbol: triángulos.

Los infinitos triángulos del Barça de Guardiola
Si un equipo consigue descomponer el campo en triángulos y repartir oportunamente sus vértices entre sus 11 jugadores (sí, también el portero), tiene medio hecho el vencer y convencer, que diría Unamuno. Si a ello le añades movilidad, calidad individual y criterio con la pelota tienes esa perfección en el fútbol que los griegos buscaban en el Universo. No hablo de obtener la victoria (que también) a la cual hay muchas maneras de perseguir y alcanzar, sino la perfección. Por mi edad, que no es poca, con Guardiola y el Barça eterno, he visto la luz: aunque no se inventara el fútbol de triángulos (véase el entrada sobre Lobanovsky), lo llevó a la excelencia; desde el primer vértice, Víctor Valdés hasta el último, Leo Messi, de adelante atrás y de atrás adelante, cientos de triángulos atrapaban al rival privándole de la pelota, negándole el espacio y asfixiando su potencial.

El caso es que, en lo que se puede llamar fútbol moderno, parece que se está volviendo a pensar en triángulos. Bienvenido sea y gracias por ello a Paco Jémez, Txingurri Valverde, Luís Enrique o Marcelino. Y es que, bien pensado, el triángulo es la distancia más corta entre dos puntos.



Daniel Piñero