jueves, 20 de marzo de 2014

FÚTBOL Y POESÍA: Extraños encuentros casuales.



¿Qué es poesía? Me dices  mientras con la vena del cuello hinchada y los ojos desorbitados cantas ¡ÁRBITRO CABRÓN HIJOPUTA MARICÓN! al ritmo que te marcan las delicadas notas de un bombo... ¿Hay algo más antitético que fútbol y poesía? Quizá los binomios Pérez- Reverte/ Calidad literaria o Legionario/ Buen gusto, estén casi al mismo nivel de incompatibilidad. Fútbol y poesía, conceptos difíciles de conjugar. Hemos visto que filósofos, escritores y ensayistas han escritp hermosas páginas sobre el deporte que nos ocupa. Galeano, Camus, Hornby, Montalbán han  dedicado su prosa a tardes de gloria, a momentos de infancia, a reflexiones metafísicas, políticas y hasta gastronómicas con el balón como protagonista. Más difícil es encontrar sin embargo, poemas; versos inspirados y de calidad con la misma temática de autores consagrados. Pudiera parecer que no hay vida poética en las gradas más allá de los pareados cantados por la afición para atormentar al rival o ensalzar a tu equipo. Pero si rascamos un poco la superficie, podemos encontrar algunos más que dignos ejemplos (nos ceñiremos a la literatura en castellano) de poetas de fama universal que dedicaron su tinta en alguna ocasión al balón y aledaños. Como en una tanda de penaltis, damos cinco muestras de poemas dedicados al fútbol con la pequeña historia que encierran detrás, cada poeta con su estilo, Benedetti lanza a lo Panenka y el poema entra suavemente en la red, mientras que Celaya suelta un trallazo arriba que dobla las manos al portero y acaba entrando....




Miguel Hernández (abajo segundo por
la derecha) y el resto de componentes
de "La Repartidora"
Uno de los casos más reseñables de poetas que dedicaron algunos de sus versos al noble arte de hacer el balón  rodar fue Miguel Hernández, el más grande poeta que jamás dio este país. Parece ser que el oriolano era gran aficionado al fútbol y militaba en el equipo de aficionados "La Repartidora". Dicen los testigos que no estaba especialmente dotado para los lances atléticos que exigía su posición como extremo derecho, algo que ya nos hace sospechar su apodo de guerra. "La barbacha" (Caracol). Afortunadamente el poeta supo suplir sus carencias con pasión como en otros lances de su vida y decidió ayudar a la repartidora desde otros flancos. Así, creo el himno del club, y otros cantos de ánimo a los jugadores de este equipo amateur, aunque su poema futbolístico reconocido como tal es la elegía que escribió a Lolo Sampedro, el portero del Orihuela después de su muerte, en "Elegía al Guardameta":

Tu grillo, por tus labios promotores,
Miguel Hernández declamando su elegía.
de plata compostura,
árbitro, domador de jugadores,
director de bravura,
¿no silbará la muerte por ventura?
En el alpiste verde de sosiego,
de tiza galonado,
para siempre quedó fuera del juego
sampedro, el apostado
en su puerta de cáñamo añudado.
Goles para enredar en sí, derrotas,
¿no la mundial moscarda?
que zumba por la punta de las botas,
ante su red aguarda
la portería aún, araña parda.
Entre las trabas que tendió la meta
de una esquina a otra esquina
por su sexo el balón, a su bragueta
asomado, se arruina,
su redondez airosamente orina.
Delación de las faltas, mensajeras
de colores, plurales,
amparador del aire en vivos cueros,
en tu campo, imparciales
agitaron de córner las señales.
Ante tu puerta se formó un tumulto
de breves pantalones
donde bailan los príapos su bulto
sin otros eslabones
que los de sus esclavas relaciones.
Combinada la brisa en su envoltura
bien, y mejor chutada,
la esfera terrenal de su figura
¡cómo! fue interceptada
por lo pez y fugaz de tu estirada.
Te sorprendió el fotógrafo el momento
más bello de tu historia
deportiva, tumbándote en el viento
para evitar victoria,
y un ventalle de palmas te aireó gloria.
Y te quedaste en la fotografía,
a un metro del alpiste,
con tu vida mejor en vilo, en vía
ya de tu muerte triste,
sin coger el balón que ya cogiste.
Fue un plongeón mortal. Con ¡cuánto! tino
y efecto, tu cabeza
dio al poste. Como un sexo femenino,
abrió la ligereza
del golpe una granada de tristeza.
Aplaudieron tu fin por tu jugada.
Tu gorra, sin visera,
de tu manida testa fue lanzada,
como oreja tercera,
al área que a tus pasos fue frontera.
Te arrancaron, cogido por la punta,
el cabello del guante,
si inofensiva garra, ya difunta,
zarpa que a lo elegante
corroboraba tu actitud rampante.
¡Ay fiera!, en tu jaulón medio de lino,
se eliminó tu vida.
Nunca más, eficaz como un camino,
harás una salida
interrumpiendo el baile apolonida.
Inflamado en amor por los balones,
sin mano que lo imante,
no implicarás su viento a tus riñones,
como un seno ambulante
escapado a los senos de tu amante.
Ya no pones obstáculos de mano
al ímpetu, a la bota
en los que el gol avanza. Pide en vano,
tu equipo en la derrota,
tus bien brincados saques de pelota.
A los penaltys que tan bien parabas
acechando tu acierto,
nadie más que la red le pone trabas,
porque nadie ha cubierto
el sitio, vivo, que has dejado, muerto.
El marcador, al número al contrario,
le acumula en la frente
su sangre negra. Y ve el extraordinario,
el sampedro suplente,
vacío que dejó tu estilo ausente.


También versaba sobre un portero el poema balompédico de uno de los autores más reconocidos de la literatura contemporánea española. Estoy hablando de  "Oda a Platko" de Rafael Alberti,  también conocido como "Al oso rubio de Hungría" El poema conmemora una anécdota que sucedió en la final de copa de 1928. Disputaban el tercer y definitivo partido de la fina en los Campos de Sport del Sardinero  Real Sociedad de San Sebastián y Fútbol Club Barcelona. El mismo Alberti asistió al evento. Según narró con sus propias palabras: “ Un partido brutal. [...] Se jugaba un partido de fútbol, pero también el nacionalismo. [...] Platko, un gigantesco guardameta húngaro, defendía como un toro el arco catalán. Hubo heridos, culatazos de la Guardia Civil y carreras del público. En un momento desesperado, Platko fue acometido tan furiosamente por los de la Real Sociedad que quedó ensangrentado, sin sentido, a pocos metros de su puesto, pero con el balón entre sus brazos [...] apareció de nuevo, vendada la cabeza, fuerte y hermoso, decidido a dejarse matar"


Platko tras el choque con Cholin
Ferenç Platko era el portero húngaro del Barcelona en ese momento, un gigante rubio que se hizo aún más grande cuando los delanteros de la Real Sociedad atacaban con más furia el aro azulgrana. En uno de estos lances, el delantero centro de los donostirras, Cholin, dirigía el balón hacia la portería sin más obstáculo que el guardameta, el cual no vaciló en tirarse a los pies del atacante para blocar la pelota, y recibir el impacto de la bota del rival destinado al balón en su propia cabeza. Tras la conmoción y seis puntos de sutura, tal y como cuenta Alberti, Platko volvió al campo y siguió parando hasta conseguir la copa para el Barcelona. El poeta inmortalizó este momento con este poema/crónica/instantátea:






Oda a Platko

Ni el mar,
que frente a ti saltaba sin poder defenderte.
"El oso rubio de Hungría"
Ni la lluvia. Ni el viento, que era el que más rugía.
Ni el mar, ni el viento, Platko,
rubio Platko de sangre,
guardameta en el polvo,
pararrayos.
No nadie, nadie, nadie.
Camisetas azules y blancas, sobre el aire.
Camisetas reales,
contrarias, contra ti, volando y arrastrándote.
Platko, Platko lejano,
rubio Platko tronchado,
tigre ardiente en la yerba de otro país.
¡ Tú, llave, Platko, tu llave rota,
llave áurea caída ante el pórtico áureo !
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Volvió su espalda al cielo.
Camisetas azules y granas flamearon,
apagadas sin viento.
El mar, vueltos los ojos,
se tumbó y nada dijo.
Sangrando en los ojales,
sangrando por ti, Platko,
por ti, sangre de Hungría,
sin tu sangre, tu impulso, tu parada, tu salto
temieron las insignias.
No nadie, Platko, nadie,
nadie se olvida.
Fue la vuelta del mar.
Fueron diez rápidas banderas
incendiadas sin freno.
Fue la vuelta del viento.
La vuelta al corazón de la esperanza.
Fue tu vuelta.
Azul heróico y grana,
mando el aire en las venas.
Alas, alas celestes y blancas,
rotas alas, combatidas, sin plumas,
escalaron la yerba.
Y el aire tuvo piernas,
tronco, brazos, cabeza.
¡ Y todo por ti, Platko,
rubio Platko de Hungría !
Y en tu honor, por tu vuelta,
porque volviste el pulso perdido a la pelea,
en el arco contrario al viento abrió una brecha.
Nadie, nadie se olvida.
El cielo, el mar, la lluvia lo recuerdan.
Las insignias.
Las doradas insignias, flores de los ojales,
cerradas, por ti abiertas.
No nadie, nadie, nadie,
nadie se olvida, Platko.
Ni el final: tu salida,
oso rubio de sangre,
desmayada bandera en hombros por el campo.
¡ Oh, Platko, Platko, Platko
tú, tan lejos de Hungría !
¿ Qué mar hubiera sido capaz de no llorarte ?
Nadie, nadie se olvida,
no, nadie, nadie, nadie.

Lo que es menos conocido es que el también poeta Gabriel Celaya, aficionado "txuriurdin" de pura cepa,divergía de todo punto con esta visión del partido, y en lugar de tener un enfrentamiento callejero con Alberti, escribió esta curiosa "Contra oda del poeta de la Real Sociedad" utilizando argumentos que un siglo después todavía no han caído en desuso:


Y recuedo también nuestra triple derrota
La Real Sociedad en 1928
en aquellos partidos frente al Barcelona
que si nos ganó, no fue gracias a Platko
sino por diez penaltis claros que nos robaron.
Camisolas azules y blancas volaban
al aire, felices, como pájaros libres,
asaltaban la meta defendida con furia
y nada pudo entonces toda la inteligencia
y el despliegue de los donostiarras
que luchaban entonces contra la rabia ciega
y el barro, y las patadas, y un árbitro comprado.
Todos lo recordamos y quizá más que tu,
mi querido Alberti, lo recuerdo yo,
porque yo estaba allí, porque vi lo que vi,
lo que tú has olvidado, pero nosotros siempre
recordamos: ganamos. En buena ley, ganamos
y hay algo que no cambian los falsos resultados.

Sin abandonar el solar ibérico, podemos citar otro poeta de la generación del 27 que dedicó algún verso al fútbol, esta vez como entretenimiento infantil y recuerdo nostálgico y feliz. Gerardo Diego escribió en 1961 "Balón de fútbol" dentro del poemario: "Mi Santander, mi cuna, mi palabra". Y a pesar de la distancia cronológica e ideológica que separa al autor de estos versos con el que suscribe, es imposible no identificarse con los partidos de fútbol de después de clase en la plazuela, libros y chaquetas haciendo de portería, mundialito o todos contra todos, hasta que anochece y hay que irse a casa...

Balón de fútbol

¿Tener un balón ? Dios mío.
Ilustración de Constantino Gacía Gómez sobre el texto de Gerardo Diego.
Qué planeta de fortuna.
Vamos a los Arenales :
cinco hectáreas de desierto,
cuadro y recuadro del puerto.

Qué olor la Tabacalera.
-Suelta ya el balón. Incera.
-No somos once. -No importa.
Si no hay eleven hay seven.
Qué elegante es el inglés :
decir sportman, team, back ;
gritar goal, córner, penalty.
(Aún no se ha abierto el Royalty.)

-Marca tú la portería :
textos y guardarropía.
-Somos siete contra siete.
Un portero y un defensa,
dos medios, tres delanteros ;
eso se llama la uve.
Y a jugar. Vale la carga.
pero no la zacandilla.
Yo miedo nunca lo tuve ;
(Una brecha en la espinilla.)

Ya se desinfla el balón.
Sopla tú fuerte la goma.
Ata ya el cuero marrón.
El de badana en colores
déjase a los menores
para botar con la mano.

 Mañana a la Magdalena
a jugar contra el « Piquío ».
Y al « Plazuela », desafío.

Tener un balón, Dios mío.

Para terminar saltamos el charco para dar una muestra de la lírica canchera que nos ofrece la literatura latinoamericana. Soy consciente de que en una entrada dedicada a fútbol, y poesía, solo aparezcan nombrados un par de poetas latinos  es tremendamente injusto, puesto que escritores e intelectuales latinoamericanos han escrito siempre sin el complejo de sus colegas ibéricos sobre el fútbol, quizá por haber estado siempre más cercanos al pueblo que sus colegas transatlántico. Autores como el chileno Nicanor Parra o Juan Gelmán han escrito sin rubor y con orgullo de su pasión por el deporte rey. Hasta existe en Perú, un equipo llamado como el poeta César Vallejo. Aunque el equipo tome el nombre de la Universidad cuyo epónimo homenajea al vate, no existe simbiosis más perfecta entre ambas disciplinas que el "Universidad César Vallejo Club de Fútbol", escuadra trujillense que milita en la primera división. Pero el poema que elegimos para cerrar esta tanda, no es de Vallejo, si no, y con el permiso de Galeano, del también escritor y poeta uruguayo Mario Benedetti, además de escribir el "Libro del fútbol" y cuentos como "Puntero izquierdo" escribió este poema/ homenaje a Maradona:

Hoy Tu Tiempo Es Real

Hoy tu tiempo es real, nadie lo inventa
Mario Benedetti
Y aunque otros olviden tus festejos
Las noches sin amos quedaron lejos
Y lejos el pesar que desalienta.

Tu edad de otras edades se alimenta
No importa lo que digan los espejos
Tus ojos todavía no están viejos
Y miran, sin mirar, más de la cuenta

Tu esperanza ya sabe su tamaño
Y por eso no habrá quien la destruya
Ya no te sentirás solo ni extraño.

Vida tuya tendrás y muerte tuya
Ha pasado otro año, y otro año
Les has ganado a tus sombras, aleluya.

"Un balón envenenado" un ¿breve?
affair entre poesía y fútbol.
Afortunadamente, y contradiciendo la tesis principal del artículo, parece ser que algo se está moviendo en el mundo literario y comienza a haber iniciativas que dan cabida a fútbol y poesía. Una de ellas es la selección "Un balón envenenado", un libro editado por la Editorial Visor de Poesía, con el poeta Luis García Montero como padrino del proyecto, en el que se recogen textos como los que se han mostrado en esta entrada y y algunos otros de poetas modernos. Una iniciativa similar es "El gol nuestro de cada día, poemas escogidos de fútbol", una antología de poemas e que aparecen autores como el mismo García Montero, Luis Alberto de Cuenca, Harold Pinter o Humberto Saba. Y es que por mucho que se nieguen los intelectuales rancios y probablemente tuercebotas tipo Sánchez Dragó;  Zidane  rematando un balón llovido, en un escorzo imposible que impulsa el esférico por  el aire en blandas líneas de fantasía hasta cruzar la escuadra del arco contrario, no deja de ser poesía.




Para más información sobre este tema:



http://davidbecerramayor.blogspot.com.es/2014/02/miguel-hernandez-pierna-cambiada.html

http://elasombrario.com/la-champions-y-los-versos-de-amor/

martes, 18 de febrero de 2014

TRIÁNGULOS

Los griegos, sobre todo los antiguos (los modernos bastante tienen con lo que tienen), que siempre han sido los mejores en eso de darle vueltas al tarro, filosofar y sacarle las entrañas a lo divino, lo humano y lo que queda entre medias, tenían claro que la figura geométrica perfecta era la esfera; con ello una cosa queda patente: de fútbol poco o nada sabían los griegos ya que en el fútbol la perfección, le pese a quien le pese, la engendra el triángulo.

Evidentemente, al fútbol se juega CON una esfera, más o menos perfecta aunque, eso sí, cada día más patentada, mercantilizada y venida a menos; pero se juega SOBRE una superficie plana y ahí el rey, el alfa y omega, es el triángulo. Dice mi amigo Alberto, que de esto entiende lo suyo, que cuando quieras abarcar la mayor superficie posible, descompón la misma en triángulos. Pues eso es el fútbol: triángulos.

Los infinitos triángulos del Barça de Guardiola
Si un equipo consigue descomponer el campo en triángulos y repartir oportunamente sus vértices entre sus 11 jugadores (sí, también el portero), tiene medio hecho el vencer y convencer, que diría Unamuno. Si a ello le añades movilidad, calidad individual y criterio con la pelota tienes esa perfección en el fútbol que los griegos buscaban en el Universo. No hablo de obtener la victoria (que también) a la cual hay muchas maneras de perseguir y alcanzar, sino la perfección. Por mi edad, que no es poca, con Guardiola y el Barça eterno, he visto la luz: aunque no se inventara el fútbol de triángulos (véase el entrada sobre Lobanovsky), lo llevó a la excelencia; desde el primer vértice, Víctor Valdés hasta el último, Leo Messi, de adelante atrás y de atrás adelante, cientos de triángulos atrapaban al rival privándole de la pelota, negándole el espacio y asfixiando su potencial.

El caso es que, en lo que se puede llamar fútbol moderno, parece que se está volviendo a pensar en triángulos. Bienvenido sea y gracias por ello a Paco Jémez, Txingurri Valverde, Luís Enrique o Marcelino. Y es que, bien pensado, el triángulo es la distancia más corta entre dos puntos.



Daniel Piñero

jueves, 9 de enero de 2014

ROMARIO-COLA DE VACA


Un jugador de dibujos animados", Valdano dixit
Desde que comenzó a andar Camarada Lobanovsky sucede, no que me canso de ser hombre, que diría Neruda (eso ya me ocurría antes) sino que se me llenan los pantalones, camisas y chaquetas de pequeños e irregulares trozos de papel con una, dos, no más de tres palabras escritas en lo que vendría ser el remedo físico de una idea. Una idea digna de Camarada, se entiende. Lo suyo sería llevar encima una libretita y anotar en ella esos retazos futbolísticos en un mar de rutina y día a día, pero la verdad es que el preocuparme de ella no sería sino añadir una marca más a la lista de olvidos diarios.

Hace un par de días encontré un triángulo de papel arrancado de la esquina de la factura de la revisión del coche (sic) en el que ponía tan solo “Romario-cola de vaca”; ayer, leyendo la sin duda detestable prensa deportiva, he visto que curiosamente se cumplen 20 años del memorable partido en el que el Barça se sacudió los complejos y la madriditis en cinco goles, encuentro que además enmarca la filigrana del maestro de dibujos animados Romario Da Souza Faria. La confabulación astral es más que evidente, no hay lugar a la casualidad.

Con la archiconocida cola de vaca de Romario me pasa como con el gol de Bergkamp (véase Camarada Lobanovsky, “El Gol, por Dennis Bergkamp”): podría pasarme la vida entera viéndolo, hipnotizado, una y otra vez, gozando de esas gotas de talento y genio como goza el artista mirando la Sixtina o como no menos goza el gorrino pachón en un charco de lodo fresco. Gloriosa, casi mística, secuencia de sólo tres toques de balón hilvanados por el suave deslizar de la pelota por el pasto. Control-regate-pase (que no tiro) al fondo de la portería convierten la nuca en rostro, la nada en todo, el agua en vino, en un abrir y cerrar de ojos…

El mito, como siempre, viene aderezado por detalles, pequeñas perlas que elevan, si cabe, lo divino a metafísico y que, por el contrario pasan desapercibidos para el ojo burdo o, como norma general, en este mundo de prisas y consumo rápido de información para la mayoría: el pasito al nordeste en el desmarque, el balón al pie de Pep Guardiola, el rabillo del ojo fijo en la marca y sobre todo, por encima de todas las cosas, el desistimiento, la derrota antes de que empiece la batalla, el golpe al aire, la no carrera, el veneno haciendo efecto de Rafael Alkorta… Romario da Souza era Muhammad Alí esquivando, brazos abajo, a golpe de cintura, los inocuos puñetazos de sus rivales. Era el vuelo de la mariposa y la picadura de la avispa… ese aguijonazo final, sutil, certero con el exterior del pie al palo largo lejos de los guantes del apagafuegos Paco Buyo. La esencia del fútbol fotograma a fotograma rubricada por un jugador de dibujos animados.


Por último, la banda sonora: en el minuto 24 de un 8 de enero veinte años ha, primero, el sempiterno silencio del Camp Nou… luego suspiro, casi susto, más que de admiración de incomprensión, de elipsis en las leyes de la termodinámica y al final, el trueno al batir el balón las redes. Por siempre, Romario cosido a su cola de vaca.





miércoles, 25 de diciembre de 2013

RAYO OLIVA: ESENCIA FUTBOLÍSTICA DE SALAMANCA

Los que sigan la revista “Panenka”, publicación cuya lectura desde aquí fervientemente recomendamos, conocerán una de sus secciones fijas, la casi minúscula “Clubes con encanto”, en la que se dan unas pinceladas sobre algún club de fútbol que, por el motivo que fuere, tienen ese “algo” que te hace imposible no quererlo; hoy, para Camarada Lobanovsky, hablaré de uno de los clubes más queridos de la ciudad de Salamanca, el Club Deportivo Rayo Oliva, equipo cuya camiseta esta temporada tengo el grandísimo honor, y lo digo muy en serio, de vestir con el 22 a la espalda (hoy no cambiaría esa remera por ninguna otra del mundo). He aquí mi homenaje a un club que en Salamanca es sinónimo de sentimiento.

Campo original del Rayo Oliva
El Rayito Oliva es, por antonomasia, por definición y por méritos propios, el club del Barrio Antiguo de la capital charra, vecindario de hondísima raigambre, levantado en el medievo sobre su predecesor romano, que a su vez se elevaba sobre el asentamiento que los vettones plantaron y defendieron con uñas y dientes (o al menos eso cuentan las leyendas) a orillas del Tormes. Todas las crónicas y libros de historia del barrio incluyen algún capítulo más o menos granado, sobre el Rayo, aunque sólo fuere porque su campo, su casa, su baluarte se ubicaba en pleno corazón del barrio, en los terrenos del Botánico, hoy campus de Ciencias de la también ínclita Universidad de Salamanca, los cuales domingo sí, domingo también, se convertían en el centro de atención de un vecindario entregado a una pasión que podría asociarse a la filosofía tan poco mesetaria del “viva el Betis manque pierda”.

El nacimiento C.D. Rayo Oliva se  ubica en los duros años de la posguerra, remontándose su original fundación al año 1949 (aunque algunos ya hablan de él en el año 47) y hallándose el origen de su nombre en la Calle Oliva; esta minúscula calle (hoy desaparecida del callejero salmantino, fagocitada por la actual Calle Balmes desde las operaciones de re-estructuración urbana de la zona antigua en los años 60) atesoraba siglos de Historia: irguiéndose sobre los ya citados antecedentes prehistóricos, romanos y medievales, antes de llamarse Oliva fue cuna del saber universitario y vivero de conventos. La historia de su bautizo, que es la del bautizo del Rayo, es todo un paradigma de las  famosas desamortizaciones: a mediados del XIX  se expropiacian los terrenos del convento de los frailes Agustinos, se venden en pública subasta y son adquiridos por el famoso editor-impresor D. Telesforo Oliva, al que le faltó tiempo para edificar dos hileras de casas de planta baja y de honrar el apellido familiar al meterlo en el callejero de Salamanca y, sin saberlo ni sospecharlo, en la historia de su fútbol.

En cuanto a sus fundadores, la historia, casi al alimón con la leyenda, cuenta que en la Calle Oliva y alrededores vivían eminentemente trabajadores, militares y civiles, de la Base Aérea de Matacán cuyo principal pasatiempo en ratos de permiso era el balompié; una cosa llevó a la otra y, papeles de por medio claro está, nació el Club Deportivo Rayo Oliva, cuyas primeras alineaciones se nutrían de los jóvenes talentos de la base aérea salmantina, vecinos del barrio… o al menos de los que allí quedaron, ya que la mayor parte de sus jugadores fueron trasladados por motivos de trabajo y re-estructuración militar a la Base Aérea de Cuatro Vientos, Madrid, pasando, dicen, muchos de ellos a engrosar las filas del también neófito Athletic Aviación.

Escudo del club
Y así, como club con vocación polideportiva echó a andar el Rayo Oliva como equipo de fútbol, haciendo lo que podía domingo a domingo en las Pistas del Botánico, propiedad de la Universidad de Salamanca, para goce del barrio, unas veces, si se ganaba, y disgusto del personal si se perdía, lo cual era bastante frecuente. Luego ya vino la desaparición de la Calle Oliva en los 60, la refundación del club en los 80 (que fijó el organigrama, estructura y características actuales) y el exilio del Botánico, corazón del Barrio Antiguo a Salas Bajas, a la orilla del Tormes, en los 90 al descubrirse que 50 años se llevaba jugando al fútbol encima de unos restos arqueológicos del siglo II antes de Cristo.

Por lo demás,  en Salamanca todo el mundo conoce al Rayo Oliva, y en mayor o menor medida, a casi todo el mundo le cae simpático, quizás por ese halo de equipo de andar por casa, de barrio, peleón, con su orgullo, su historia y su raza, aunque sus números digan que se pierde más que se gana y las tablas clasificatorias den ganas de leerlas del revés.

Además, desaparecida la Unión Deportiva Salamanca por la zafiedad de los que la tuvieron entre manos, se ha quedado junto con el Monterrey, ahora decano, con la responsabilidad de perpetuar la historia del fútbol charro, y ello desde su abnegada gestión mancomunada sacando tiempo de dios sabe dónde, de sus jugadores- entrenadores, de sus tácticas mutantes, de sus arcas con más agujeros que el acueducto de Segovia y, sobre todo, desde la entrega de los que todos los domingos del año nos dejamos todo dentro de su camiseta verde aceituna.

Aúpa Rayo, esencia del fútbol salmantino, por muchos años relampagueando de verde la tierra charra.


Daniel Piñero



martes, 22 de octubre de 2013

SEMBLANZA DEL CORONEL : FÚTBOL MATEMÁTICO EN EL LABORATORIO SOVIÉTICO

Si a cualquier persona de mi generación aficionada al fútbol le mencionas a Valeri Lobanovsky, le vendrá rápidamente una imagen a la cabeza, una de las estampas más clásicas de la Copa de Europa a finales de los noventa: la sobria figura del entrenador de porte soviético, gesto adusto, gorra y  manta de cuadros sobre las piernas, balanceándose casi imperceptiblemente, mientras tenía sus ojos fijos en el campo. Una imagen hierática que contrasta con los entrenadores- espectáculo que vinieron después. De hecho su aspecto anciano y su actitud daba pie a hacer algunos chistes sobre la función del personaje en el banquillo, pues daba la impresión de que estaba allí “como puesto por el ayuntamiento” y parecía no pintar mucho. Pero no hace falta investigar mucho sobre nuestro personaje preferido para que esa imagen caiga bruscamente. El señor Lobanovsky tenía controlado hasta el más mínimo detalle de la táctica y el rendimiento de sus jugadores. Tal es así que no le hacía ninguna falta hacer aspavientos en la banda ni protestar decisiones arbitrales.

 Lobanovsky , podemos asegurar, fue un hijo deportivo del U.R.S.S y quizá uno de los que alcanzara mayor grado de perfección.  En la Unión Soviética no existían deportistas profesionales como tal, puesto que el deporte ("cultura física") era presentado en los países socialistas como un derecho más para la ciudadanía. El gobierno y la administración ponían a disposición de los ciudadanos instalaciones y clases formativas. La educación y el deporte eran fundamentales en la formación de los habitantes de la Unión Soviética y no se descuidaba uno por otro, si no que se facilitaba la complementación de preparación física y educación intelectual.. No se concebía  la súper-especialización  que representa el deporte profesional, de tal modo que todos los deportistas tenían estudios y carreras más allá de su actividad deportiva.

Por todo esto no cabe duda que Lobanovsky representaba el espíritu del deportista soviético, considerado además un genio precusor de muchas ideas tácticas que aún hoy están en boga. Fue también un hombre de ideas que supo aplicar sus “fórmulas” matemáticas al fútbol sin sacrificar el talento para que estas funcionaran.
Sus etapas como jugador y entrenador en el Dinamo de Kiev fueron ciertamente exitosas, y tampoco le fue mal como entrenador de la U.R.S.S. Es  considerado uno de los padres del fútbol total como Rinus Mitchells. Sus equipos en estado de gracia se movían rápidamente y con agilidad,  intercambiaban sus posiciones sin esfuerzo aparente confundiendo las marcas de los contrarios, todo ellos con una naturalidad y fluidez que no hacía sospechar que todas estas permutas antes habían estado en la cabeza del Coronel y en sus sistemas de análisis. Tal es así, que tras la victoria del equipo ucraniano en la Recopa del año1985 sobre el Atlético de Madrid, el periódico el país dijo que los soviéticos “jugaron como un equipo venido del futuro”.

Lo cierto es que Lobanovsky parecía tener un talento natural para el fútbol y siempre fue su objetivo “cientificar” y tecnificar el deporte rey para hacerlo más eficiente. Nacido en Kiev en 1936, destacó pronto como deportista. Asistió y se graduó en la Escuela de Fútbol de Kiev y en la Escuela Juvenil de Fútbol de la misma ciudad. Valeri era un jugador veloz y talentoso, pues a los 22 años debutó con el equipo más importante de su ciudad, el Dinamo de Kiev – equipo al que estará ligada toda su carrera- como lateral izquierdo. Una de sus especialidades fue el marcar goles desde la esquina del córner, puesto que cuentan los testigos que sabía golpear al balón con un efecto fuera de lo común. Algunas personas se atreven a aventurar que detrás de ese talento existían preciosos cálculos matemáticos, afirmación que no nos debe de extrañar, puesto que este ucraniano insigne tuve siempre una extraordinaria relación con las ciencias exactas. En su adolescencia ya había ganado una medalla de oro en matemáticas al cursar sus estudios de secundaria, estudios que continuó mientras jugaba en el Dinamo (Una vez más, educación y deporte en la U.R.S.S), doctorándose en Matemáticas(o Ingeniería Térmica, varía según las fuentes) en el Instituto Politécnico de Kiev.

No hay que olvidar que Valeri Lobanovsky vivió inmerso en plena época de la carrera espacial, vio como la Unión Sovíetica ponía el "Sputnik" en órbita y asistió al nacimiento y desarrollo de la ingeniería informática en su ciudad natal (la capital de “los ordenarores” en la URSS). Es decir fue testigo y participó de la época de mayor desarrollo científico y tecnológico que jamás se había visto en el mundo hasta la fecha. Parecía que los avances no tendrían fin. Los mismos avances que él aplicaría para mejorar el rendimiento de sus equipos como entrenador.

Tras siete años en el club de sus amores y breves estancias en el Chornomorets de Odessa y el Shacktar Donest como jugador, el lateral decidió colgar las botas. Tras de sí dejaba 71 goles en 253 partidos, y varias convocatorias con la selección nacional de la U.R.S.S así como un aprendizaje que luego aplicó en su etapa como entrenador.
Equipos de leyenda: El Dinamo del 85.
Un año después de abandonar la banda, fue contratado como entrenador del Dnipro Dnipropetrosk, y tras cuatro exitosas temporadas en las que subió el equipo de segunda división a una meritoria sexta posición en primera, fue contratado por el Dinamo de Kiev en 1974, donde comenzaría una de las etapas más gloriosas de este equipo, el cual dirigió quince de las siguientes diecisiete temporadas siguientes.  En esta época acabó con la dominación moscovita en la liga soviética trasladando el centro de gravedad futbolístico del este hacia la capital ucraniana, ganó ocho ligas, seis copas, la Recopa de Europa en 1975 y 1986 y  la Supercopa en 1975. Pero ni a nosotros ni al Camarada nos interesa el cuanto, si no el cómo. Y el cómo es como para volverse loco. Como hemos dicho, Valery utilizaba el fútbol total para descolocar a los contrarios, y hallar los espacios y las ventajas, pero no de una forma intuitiva como lo hacía la Holanda de la Naranja Mecánica, si no de una forma analítica y estudiada, para Lobanovsky el fútbol es:

“un sistema de 22 elementos (con 2 subsistemas de 11) que se desplazan dentro de un área definida (el campo de juego) y sujeto a una serie de restricciones (el reglamento). Si los dos subsistemas se igualan, es empate. Si uno es más fuerte, triunfa”, y trata “menos acerca de los individuos que sobre las coaliciones y las conexiones entre ellos¨

Pero esto no es todo. La computación y el análisis de las condiciones físicas de los jugadores también fue un aporte del ucraniano al fútbol de la época. Tras conocer a Anatoly Zelentsov, director del Instituto de Ciencias Físicas de Kiev y experto en bioenergía y psicología, comenzó una relación cordial que le ayudó a implementar su método para optimizar el rendimiento de los futbolistas. Tal es así que Lobanovsky siempre agradeció a Zelentsov su ayuda hasta el punto de darle el mérito de toda su formación como entrenador. De hecho Zelentsov ideó un sistema de análisis computerizado de los partidos con los cuales evaluar a los jugadores, que al desarrollar un fútbol que ocupaba todo el campo y en permanente cambio, necesitaban una excelente condición física. De ahí la dureza de las sesiones de entrenamiento del Coronel, al que sus pupilos llamaban “el monstruo” por su voracidad insaciable de esfuerzo.  También Lobanovsky fue el primero en registrar de en rudimentarias computadoras todas las incidencias del partido, desde tiros a puerta hasta faltas recibidas por cada jugador. Toda esta información junto con el rendimiento era exhibida en el vestuario para que el jugador pudiera mejorar tátcicamente. Pero a diferencia de otros entrenadores de la “rama” científica,  el preparador de Kiev no aniquilaba el talento, y para muestra un botón, su última aportación al fútbol fue el descubrimiento y puesta en valor de Andriy Shevchenko, ya en su última etapa como entrenador del Dinamo, en la Ucrania post -soviética.

El gran "Sheva" ofrece la "Champions" a su padre futbolístico.
Debido a sus éxitos con el Dinamo, las autoridades soviéticas lo consideraron el preparador ideal de la selección nacional. Como seleccionador de la URSS el Coronel llevó al equipo a octavos de final en el mundial de 1986 tras ganar a Hungría 6 a 0, y dos años más tarde llegaría a la final de la Eurocopa 88 de Alemania Federal, y perdería con la Holanda de Van Basten y Gullit.

Como hemos dicho, Lobanovsky pasó sus últimos años en el Dinamo de Shevchenko (que lo reconoce como un padre futbolístico) Gusin y compañía que le endosó el famoso 0 - 4 en el Camp Nou al Barcelon de Van Gaal. En 2002 muere tras un infarto cerebral y la posterior cirugía a la edad de 63 años. Tras su deceso Ucrania le dio el título de Hérone Nacional y Shevchenko (Es de bien nacido ser agradecido) le ofreció la Champions League que había ganado con el Milan.

PD:   ¨la forma de alcanzar el objetivo es la preparación de atletas polivalentes, preparados atléticamente en los sincronismos con o sin pelota, de manera que cada jugador sepa siempre dónde pasar la pelota antes de recibirla y el equipo sepa cómo, dónde y cuándo atacar y defender. A veces la gente dice que el significado del fútbol es sólo en ataque, pero está más cerca de la verdad decir que cuando poseemos la pelota, estamos atacando, y cuando nuestros oponentes tienen la pelota, estamos defendiendo. A partir de este fundamento, la estrategia de fútbol se deriva: ¿cómo, dónde y cuándo atacar o defender? Lo más importante en el fútbol es lo que un jugador está haciendo en el campo cuando no está en posesión de la pelota, no al revés. Así que cuando decimos que tenemos un excelente jugador viene del siguiente principio: 1% talento y el 99 % trabajo duro "  Lobanovsky y Zelentsov  en el libro ¨The Methodological Basis of the Development of Training Models¨

Una visión sobre socialismo y deporte en: http://tintaroja.es/cultura/155-deporte-y-socialismo-el-deporte-como-derecho-

Algo más sobre el camarada: http://laboratoriopincharrata.blogspot.com.es/2012_09_01_archive.html
                                             http://espnfc.com/news/story/_/id/1515677/?cc=5739


Aquí un resumen de la final de la Recopa del 86. (Gallina incluida). El tercer gol del Dinamo (minuto 2:00) es considerado la quintaesencia de los equipos de Lobanovsky:


miércoles, 9 de octubre de 2013

FÚTBOL Y ROCK: THE SHOW MUST GO ON (Epílogo)

Terminamos nuestra trilogía sobre fútbol y rock con algunos apuntes sobre jugadores y músicos que hemos ido dejando en el tintero en las entradas anteriores. No era del todo necesario y probablemente, por cada caso que recordemos olvidaremos diez, aún así aquí va.

En la última entrada sobrevolamos hasta el último rincón del Reino Unido buscando músicos apasionados del fútbol, y tal era la cantidad que tuvimos que ponerle coto. Ahora volvemos al solar ibérico en busca de futbolistas rockeros. Comenzábamos esta serie de artículos haciendo mención de nuevo a Manolo Alfaro, un "killer del área" que mostraba sus camisetas de AC/DC y Barricada siempre que marcaba un gol, lo que ocurría a menudo en su etapa como jugador del Hércules C.F. Lo cierto es que jugadores de este tipo son una "rara avis" que destaca entre el perfil plano de los jugadores de origen español. Para muestra un botón: El pasado verano, durante la estancia de la Selección Española de fútbol en Río mientras se celebraba la Copa Confederaciones, el periodista Luis Martín (El País)  se dedicó a hacer una serie de entrevistas con preguntas y respuestas cortas a los integrantes de la plantilla.. ( se puede ver aquí http://deportes.elpais.com/deportes/2013/06/19/actualidad/1371650618_945774.html). Entre un sinnúmero de preguntas frívolas el periodista cuestionaba a los jugadores si sabían el nombre del cantante de la Polla Records y cuál había sido el primer concierto al que los jugadores habían asistido. Los resultados fueron significativos, de veintidós nadie supo responder a la primera pregunta, y las respuestas a la segunda se alejaban mucho de hacernos pensar que los campeones mundiales son unos metalheads, a no ser que consideres a "La Oreja de Van Gogh -respuesta muy repetida- una banda de rock duro.
Evaristo y su camiseta modificada.

Aunque este es el escenario habitual, afortunadamente existen algunas excepciones en este aburrido escenario. Por ejemplo el jugador del R.C.D Espanyol y anteriormente lateral zurdo titular del combinado nacional español, Joan Capdevilla, afirma que, como Manolo Alfaro, su banda de música favorita es Barricada y que también escucha con asiduidad Offspring. Ha asistido a varios conciertos de la ya extinta banda navarra y según se puede leer por la red parece que ha trabado buena amistad con los integrantes del grupo. Por otro lado, al igual que confiesa sus gustos por la música menos comercial, también confiesa sin sonrojo que en su vida ha terminado un libro (¿Libros, qué es eso, se come?.) Caso radicalmente opuesto al jugador que nos ocupa ahora: Esteban Granero.

Granero antes de un concierto... digo, antes de un partido.
Granero es un jugador al que fácilmente se le coge simpatía seas del equipo de seas. Su aspecto de estrella del rock sureño de los setenta, su apodo -"El Pirata"-y  su clase con el balón en los pies hacía que te fijaras en él  como un mirlo blanco en el mar de gomina, afeitados impolutos y tatuajes "New Age" en el que se había convertido el Real Madrid en el que  militaba.. Jugador con mucho talento y poca suerte, (Encontronazo con Mourinho en el Madrid, paso por el Getafe, descenso del Queen Park Rangers, lesión con la Real Sociedad...) siempre es un placer leer sus entrevistas y opiniones. Lector asiduo, puede conversar sobre Borges, Murakami  y citar a Nietszche en una entrevista  Se le puede ver en los viajes de equipo o en las concentraciones leyendo un libro mientras sus compañeros juguetean con el teléfono móvil o con la "play station". También es estudiante de psicología, y a pesar de todo ello no parece una persona engreída y pedante cuando habla. Centrado, tranquilo y humilde, escapa del encefalograma plano cultural del que suelen adolecer los futbolistas. Reconoce en algunas entrevistas que no le gustaba la música que ponían en el vestuario Ramos y Marcelo, y esperaba tener algún día la suficiente influencia como para ser él el que pinchara. Dice que le gusta la música en general, pero reconoce su particular afición por el rock, The Doors, y The Yardbirds son algunos de sus grupos de cabecera. Quizá contagiado por los sueños de todo rockero aficionado se animó a coger la guitarra y rasguear algunos acordes, aunque según sus propias declaraciones, lo hace bastante peor que su amigo el también futbolista Juan Mata.

Frank pensando en The Pixies...
Otro tipo especial y amante de la buena música (y la buena vida) es Frank Rijkaard. Aunque desafortunadamente ya no podemos seguir sus andanzas en la liga española, dejó tras de sí, a parte de un legado futbolístico extraordinario, una serie de anécdotas curiosas. En Barcelona era normal encontrarse al técnico holandés en conciertos de rock alternativo. Audioslave y Pixies son dos de sus bandas favoritas. Pero no se queda ahí, Sex Pistols, Smiths, Nirvana..., el señor Frank es un auténtico melómano como se puede comprobar en entrevistas como esta http://matador.elconfidencial.com/2009/03/rijkaard-los-pixies-cambiaron-mi-vision.html. Otro colega de profesión del holandés va un paso más allá: El ex jugador y seleccionador nacional de Croacia Slaven Bilic compagina sus tareas deportivas con su papel como cantante y guitarrista del grupo de rock Rawbaw. Un caso similar fue el de Germán "El Mono" Burgos, que antes de convertirse en segundo de Simeone con aspecto de hampón de La Boca  lideró la banda de rock "The Garb" en Argentina.

ALGUNAS CANCIONES.

Somos conscientes de que en estas entradas existe una carencia fundamental. Hemos pasado de puntillas u omitido directamente la relación entre fútbol y rock en toda Latinoamérica, lugares donde ambos espectáculos despiertan auténticas pasiones. Argentina, por ejemplo, merecería un libro entero con el tema que nos ocupa. Existen miles de grupos y numerosas canciones con temática futbolística, muchos de ellos con el D10S argentino de protagonista, como puede ser la canción "Maradona" de Andrés Calamaro. Sobre Maradona trata también el tema "Santa Maradona" (¿No me digas?) de Mano Negra, grupo primigenio del cantante francés e hincha del Deportivo de la Coruña, Manu Chao. Algunos himnos y cánticos han sido versionados numerosas veces, esto sucede con el famoso "You´ll never walk alone", siendo la revisión del grupo de pun- rock alemán Die Toten Hosen una de las más populares.
Hablando de himnos, si te mueves por según que ambientes es imposible que hayas dejado de escuchar el himno del Athletic de Bilbao acelarado y guitarrero que compusieron los míticos punks de Bilbao M.C.D. Aunque para himno rockero, la nueva versión que hizo la institución del himno del Deportivo de La Coruña, (compuesta por el grupo coruñés, Cacahué) que a ritmo swing y con sus tres acordes deja atrás rancias versiones y letras vetustas y se marca un ritmo de lo más bailongo y vacilón.

Esto toca a su fin, y aunque la temática tiende a infinito, de alguna forma hay que acabar. Y qué mejor forma que con el vídeo de una de las canciones futboleras que más me han gustado siempre, por su aire popular y canchero: "El Pible de mi barrio" de los colombianos Doctor Crápula.






miércoles, 25 de septiembre de 2013

FÚTBOL Y ROCK: "THE SHOW MUST GO ON" (Parte II)

Geezer Butler alardea de camiseta.
Habíamos terminado la primera parte de esta entrada a ritmo de reggae de la mano de Bob Marley, centrocampista llegador, y en sus ratos libres músico. Pero ahora se acabó la tranquilidad de las líneas de bajo de de Aston Barret y la espiritualidad en la que nos envuelve Bob con su voz, ahora mismo cogemos el avión de vuelta a las Islas Británicas para conocer las ansias futbolísticas de los creadores de las atmósferas más cargantes y pesadas en el mundo de la música. Sí señor, estamos hablando de los padres del Heavy Metal: Black Sabbat. Naturales de Birmingham, ciudad donde comenzaron sus fechorías, todos los miembros de la banda han mostrado su apoyo apasionado al Aston Villa, desde su icónico cantante Ozzy Osbourne hasta el guitarrista creador del sonido Sabbatah, Tony Iommy. Pero parece ser que el socio más fiel e incondicional del club de  "los villanos" es el bajista Geezer Butler, que aprovecha la menor ocasión para mostrar los colores de su equipo. Basta con trastear un poco por internet para ver la relación de amor absoluto que Buttler tiene con el club. En su página web oficial (http://www.geezerbutler.com/) se le puede ver alardeando de su camiseta personalizada del Aston Villa con el número 13 a la espalda e impreso el nombre de Black Sabbath. Completa la fotografía una bandera de dos por dos metros haciendo las veces de funda de sofá. Aunque actualmente vive en Los Ángeles (EE.UU), no ha perdido contacto con el club de sus amores y se las arregla para seguir las andanzas del mismo en la Premier League. Querido tanto por los admiradores de sus bandas (Black Sabbath, Heaven and Hell etc.) como por los seguidores de  "los villanos", el bajista terminó de conquistar a estos últimos cuando en 2006, en la ceremonia de inclusión de "los Sabbath" en el Rock and Roll Hall fo Fame de Cleveland (O´Hio), soltó antes de que la banda abandonara el escenario un apasionado "¡Up the Villa!" que probablemente pocos yankis entendieron.

Punks londinenses con mucho talento
Y de los padres del Heavy Metal nos vamos a los padres del punk político. Bajaban las aguas revueltas en Londres en 1976. Se avecinaba el thatcherismo, la juventud desencantada había encontrado un modo de vida y estilo musical que canalizaba su rabia ante una sociedad hipócrita y un futuro más bien nebuloso: El punk. Pero entre los resquicios del nihilismo que destilaba este nuevo modo de vida caracterizado por la rabia, la provocación y la autodestrucción, se estaba colando un mensaje peligroso, el de la xenofobia y el racismo. Los partidos de ultraderecha ingleses estaban aprovechando el desencanto de la juventud para manipularlos a su antojo. Por eso, The Clash, con Joe Strummer al mando, decidieron combatir con su música y sus letras contra los prejuicios raciales, la desigualdad y las injusticias de todo pelaje. Pero no sólo de política vive el hombre. Los Clash, como cualquier chico joven inglés, le daban también al fútbol cuando tenían un rato. En el libro "Nuestra rebelión personal: Día y noche con los Clash", su autor Johny Green (ex. road manager) de la banda londinense relata cómo en las temporadas de estudio, siempre había partidos de fútbol calle en los descansos, que se desarrollaban en unas pistas cercanas al lugar de grabación. Se dice que el grupo comenzó a jugar sus "partidillos" en los descansos de los ensayos y grabaciones del "London Calling" para "crear grupo" entre miembros de la banda y técnicos. Joe era un jugador irregular y muy deportivo, en cambio el guitarrista Mick Jones tenía un talento extraordinario con el balón en los pies. (Así como para la música, puesto que si Joe Strummer fue el alma de los Clash, Mick era el mejor músico en el sentido amplio de la palabra). Además de ser buen jugador, Mick era aficionado de un equipo del oeste de Londres, nada más y nada menos que el Queen Park Ranger. La afición del guitarrista por el fútbol venía de antiguo. Jones, reconocido coleccionista de todo tipo de artilugios y recuerdos, reconoce que su colección favorita es su libro de autógrafos de jugadores de fútbol. Según sus propias palabras "Tengo a todos del equipo ganador del Mundial de Inglaterra. Los entrenadores, los preparadores, todos. Eso fue en 1966 cuando ganamos la Copa Mundial. ¡Lo más grande!" Ya en épocas más recientes, Mick ha sido nombrado socio honorario del Liverpool por los conciertos solidarios con los que ayudó a recaudar fondos destinados a las familias de las víctimas de la tragedia de Hillsborough. En definitiva una vida dedicada a la música y a combatir las injusticias sociales, pero sin dejar de lado una de sus más grandes aficiones.

Una foto legendaria
Para terminar con el trío mayor bandas británicas, y cambiando de estilo una vez más, pero siempre con guitarras eléctricas y rock como punto en común vamos con otra mítica: Queen. Si nos preguntamos qué relación tiene esta banda británica con el fútbol, seguramente lo primero que se nos venga a la cabeza será el famoso "We are the Champions" que suena hasta la saciedad berreado por los ganadores de cualquier torneo. Y efectivamente así es, Queen son los compositores de uno de los himnos futbolísticos más coreados del planeta. Con respecto al origen de tal canción existen dudas; algunas personas afirman que el himno es una canción de motivación y auto-superación sin más, otros aseguran que Freddy Mercury la compuso para el Manchester United. (De hecho la polémica fue alimentada por el propio cantante haciendo declaraciones en ambos sentidos).  Pero si vemos la foto que ilustra este párrafo nos podemos dar cuenta de que la relación de los británicos con el fútbol va más allá. Allá por 1981, la ya famosa banda de rock Queen giraba por Argentina. El 8 de Marzo la banda inglesa había colgado el cartel de "sold out" en la taquilla del estadio de Vélez Sarsfield (con capacidad de unas cincuenta mil personas), situado en el extremo Oeste de Buenos Aires. El público estaba entusiasmado con el show de los británicos. Tocando la fibra de los asistentes, el carismático frontman de la banda había decidido enfundarse la elástica albiceleste. Ya sabemos que para los argentinos, como para servidores, el fútbol es religión. Las canciones se sucedían una tras otra sin dejar respiro a los asombrados asistentes. Mercury era el centro de atención de las cincuenta mil almas que allí se congregaban. Hasta que antes de comenzar la canción número veintidós aparece en escena una figura conocida por casi todos los argentinos. Enfundado en una camiseta con los colores de la Union Jack, el que después sería héroe nacional argentino, Diego Armando Maradona tras dar un pequeño agradecimiento a la banda y presentar la canción al público comenzó a dar toques a una pelota mientras comenzaba a sonar el bajo de John Deacon introduciendo las primeras notas de "Another Ones Bites The Dust" Esto sucedió antes de que "El Pelusa" volara a Europa o regalara tantas tardes de gloria al combinado nacional Argentino. También sucedió antes de la guerra de las Malvinas y de la "Mano de Dios". Pero Freddy Mercury quiso unir rock y fútbol para lograr una comunión total con la gente, de hecho la idea de invitar al astro argentino fue suya. Así que lo que rock y fútbol han unido que no lo separen políticos y guerras.
Más allá de esta preciosa anécdota, el astrofísico y guitarrista de la banda, Brian May patrocina un club club de fútbol infantil (Purley Jubilee) que es entrenado por uno de sus técnicos. Sobre a qué colores profesa amor este hombre del Renacimiento metido a estrella del rock, no he podido sacar información concisa.

Los chicos de Pink Floyd posando para la foto de equipo
Finalmente, para ir terminando con las Islas Británicas, haremos mención somera a otros grupos y su relación con el fútbol nacidos en la "Pérfida Albión". Uno de ellos son los astros del rock progresivo Pink Floyd. Los integrantes del grupo llegaron a crear su propio equipo el Pink Floyd F.C. No sabemos qué tal combinaban las ingestas de altas cantidades de ácido lisérgico con partidos de tan noble deporte, pero el caso es que estos inglesitos eran unos apasionados. Buscando en la superficie de la red se pueden ver miles de fotos de ellos vestidos de corto. Los miembros del equipo apoyaban al Arsenal F.C y al Liverpool, y llegaron a introducir en su séptimo disco de estudio (Meddle), una canción que hacía alusión directa a una expresión en slang que se escucha en la grada de los estadios cuando ves a un jugador ver hacer algo que te asombra sobremanera. Esta canción es "Fearless" y comienza y termina con un audio del famoso cántico inglés "You´ll never walk alone".

Probablemente alguien me mataría si tras dos extensas entradas hablando de fútbol y música ingleses no menciono a The Beatles aunque sea de pasada. Efectivamente, los cuatro de Liverpool apoyaban a los equipos de su ciudad, en una relación de fuerzas bastante igualada. Parece ser que Ringo Starr y John Lennon apoyaban con todas sus fuerzas al Liverpool, mientras que Paul McCartney y George Harrison eran supoorters de su eterno enemigo el Everton.

Como podemos ver en las Islas son incontables los casos que relacionan deporte y música. El más famoso quizá sea el caso de los hermanos Gallagher. Los creadores de Oasis han mostrado impetuosamente su afición por el Manchester City a pesar de ser ellos naturales de Birmingham. Por otra parte, Rick Savage, bajista y fundador de la banda de hard rock Deff Leppard (la del batería manco) es seguidor del Sheffield United y fue jugador en su juventud, así como lo fue Richard Ascroft de The Verb, que jugó en los juveniles del Wigan Athletic y es un hincha del Manchester United declarado. Como se puede ver la lista se puede ampliar hasta el infinito.

Esto es todo por ahora. Para no dejarnos nada en el tintero habrá Fútbol y rock Parte III a modo de epílogo. Tengan una feliz semana.